De cine_El niño con el pijama de rayas


Hoy voy a hablar sobre El niño con el pijama de rayas, un best seller de John Boyne que no he leído y que, como tantos otros (Ángeles y demonios, El hombre que no amaba a las mujeres, etc.), ha sido llevado a la gran pantalla (o pequeña, si se ve en el televisor ;). En este caso, por Mark Herman. No, no es que ande con déjà vu, ya sé que no es una novedad en las taquillas de nuestros cines, pero yo la vi anoche. Hasta ayer mismo, me daba pereza, como me ocurre con todo best seller, dedicarle mi tiempo y atención. Vale, tal vez sean prejuicios, pero que levante la mano quien no los tenga respecto a esta u otra materia.

El pijama de rayas, como ya todo el mundo sabe o imagina, hace referencia al uniforme que los nazis imponían a sus prisioneros en los campos de concentración. La barbarie del holocausto es la base sobre la que gira la trama de la película, desde la visión ingenua de un niño de ocho años, Bruno, pero también desde la incredulidad e inquietud de un adulto que descubre lo que realmente allí ocurre a través de la innnegable entrega de su marido a la causa nazi. Vemos también la mentira (manipulación infame de la información que se transmite al exterior respecto a la cruda realidad que se vive en los campos de concentración), sentimos el dolor y la vergüenza por lo que es capaz de hacer el ser humano en determinadas condiciones.

El peso de la película está en los niños-actores. Lo mejor, sin duda. Todo en ellos es credibilidad. Y ya es difícil que un niño no resulte cargante. No me queda más remedio que hacer una genuflexión ante Asa Butterfield, en su papel de Bruno y Jack Scanlon como Shmuel.

Una cámara de gas pone fin al largometraje, como lo hizo con la vida de todos aquellos que sufrieron la enajenación del ser humano durante la II Guerra Mundial.

En definitiva, pese a que ya estamos cansados de tanto cine sobre la II Guerra Mundial, tanto como lo estamos sobre la Guerra Civil española, es una película que se deja ver, sin ser una obra imprescindible.

P.D.: El final, arriesgado, aleja este film de La vida es bella y lo acerca a La lista de Schindler.

IMAGEN
Según la wikipedia: Estos trabajadores esclavos rusos, polacos y holandeses internados en el campo de concentración de Buchenwald, ingresaron con un promedio de 73 kg cada uno al entrar en el campamento. Después de 11 meses, su peso promedio era de 31 kg. (16 de marzo de 1945).

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1 comentario

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