Crónica blanca y Sánchez Dragó

Crónica blanca
Comentarles que por fin conseguí ver en vivo y en directo el trabajo de Llorenç Barber, el maestro campanero de origen valenciano. El teatro de La Abadía abrió sus puertas durante La noche en blanco para ofrecer un gran, aunque minimal, espectáculo. Apenas 10 campanas (no, no imaginen campanas tipo iglesia) suspendidas del techo con la ayuda de cuerdas, separadas las unas de las otras, se muestran en primer plano. Justo detrás, a una distancia prudente, lo que asemeja ser una estantería guarda-campanas.

Durante unos veinte minutos, aproximadamente, todo se muestra como un juego de luces y sombras de campanas y cuerdas que se proyectan en las paredes del teatro. No hay estridencias, sólo energía y repiqueteo de campanas. A veces, unos platillos rozan el suelo de la mano del maestro; otras, las campanas sobrevuelan las cabezas de las primeras filas del teatro. El aire, todo el espacio allí “enmarcado”, parece fluir en modo budista.

Sólo unos ignorantes que se creen, como Sánchez Dragó (vean su recién estrenado programa, Dragolandia, si aún lo dudan), los más listos de la tribu, comentan entre risas que ellos podrían haber hecho lo mismo en su casa, que “vaya tomadura de pelo”…

El arte, ese gran desconocido, provoca con mayor frecuencia de la deseada este tipo de reacciones. Mi cautela y mi ignorancia respecto al arte, por qué no decirlo, me lleva a poder afirmar que algo me gusta o no, pero me resulta imposible atestiguar si algo es bueno o malo. No soy experta en la materia. Sólo una gran aficionada. Muchos deberían asumir esto.

Sánchez Dragó y su Dragolandia
¿Qué les puedo decir? Me encantó ver a Mercedes Milá (icono de la televisión “basura” y poco santa de mi devoción, la verdad) vapulear con razones, más que con verbo, al gallito más listo de la corrala o eso cree él: Sánchez Dragó.

Ella fue la primera invitada en su, como comentaba, recién estrenado programa, Dragolandia (el ego de este buen hombre es cada día más inconmensurable). Un programa que arremetió durante sus primeros cinco minutos de vida contra la televisión como opio del pueblo y herramienta generadora de incultura (cosa con la que no estoy de acuerdo, la televisión en sí misma no es más que un medio a través del cual se comunica algo. De nosotros depende qué se comunique). Pues bien, dicho lo cual, ¿no es incoherente invitar a la Milá? Pues así lo vio ella e incluso afirmó que si lo llega a saber no acepta la invitación. ¡Con dos cojones! Me levanté del sofá y aplaudí enérgicamente a una mujer capaz de decir algo así.

Dragó perdía fuelle y razones por momentos, y su hija (sí, su hija forma parte del equipo, aunque no sepamos todavía el por qué de su presencia, salvo si es debida a su relación paterno-filial), llamándole constantemente “padre” le hizo flaco favor durante las pocas veces que intervino. En fin, un disparate que espero retiren de la parrilla televisiva de Telemadrid lo antes posible.

Como saben,
Dragó no tiene abuela, sólo dos gatos, a los que dice admirar, y a los que ilógicamente encierra durante la emisión de su programa bajo la mesa que le sirve de atrezo como si fueran monos de feria. Huy, me acabo de perder, no entiendo nada. Igual soy uno de esos ciudad-asnos a los que alude el “sabio”.

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1 comentario

  1. Veo que el Señor Sánchez Dragó por llamarlo de forma educada sigue haciendo de las suyas, es decir, criticar por criticar.
    Sigo sin poder tragarlo.
    Porqué será??????.


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