Criticar por criticar o no_Wong Kar-Wai_Trilogía

EN EL PASADO, CUANDO LAS PERSONAS TENÍAN SECRETOS Y NO DESEABAN COMPARTIRLOS, BUSCABAN UN ÁRBOL Y HACÍAN UN AGUJERO EN ÉL PARA SUSURRAR ALLÍ SU SECRETO. LUEGO LO RECUBRÍAN CON BARRO. DE ESE MODO, NADIE MÁS LO DESCUBRIRÍA.

El tríptico como retrato posible del amor (o su recuerdo) en Hong Kong, años 60, en tres partes:

Days of Being Wild (1990) nos acerca a 1960.

In The Mood For Love (2000) retrata de 1962 a 1966.

2046 (2004) se ubica de 1966 a 1969.

El tríptico de Wong Kar-Wai funciona a modo de sutil -o no tanto- desembarco de personajes de uno a otro a film (Maggie Cheung, cuyo personaje en los tres responde al mismo nombre, Su Lizhen, y Tony Leung, el señor Chow en los dos últimos trabajos), a modo de cadencia musical que forma parte del relato (boleros incluidos) que recorre las historias marcando su propio ritmo de sublimación del recuerdo -lento- y haciéndose eco de historias melodramáticas estilizadas, poéticas, añoradas (maravillosa fotografía de fotografía Christopher Doyle), repletas de lluvia que empapa tanto como el amor, protagónicos espejos que multiplican personajes e historias hasta el infinito (luces y sombras, encuentros-desencuentros, amor-desamor, lágrimas rabiosas y lágrimas contenidas, deseo no culminado, emociones contenidas), que nos muestran a unos personajes siempre demasiados solos, que nunca acaban de encontrar la felicidad, siempre errantes, como el pájaro sin patas, de vuelo constante, que sólo se posa en el suelo cuando muere al que alude su primer protagonista (Days of Being Wild).

En la trilogía todo es ficción pero, en ocasiones, esa línea ficcional se rompe con la intromisión, vehiculada a través de la televisión, de una realidad política complicada (la de China durante esos años) que anticipa así los nuevos derroteros que está tomando el cine en la actualidad, unos derroteros que rompen los compartimentos estancos entre cine de ficción y cine documental que enconsertaban sus posibilidades.

Es evidente el díptico formado por las dos últimas. Days of Being Wild, sin embargo, se me escapa, me resulta más huidiza, salvo por una recurrencia temática que, además, señala un mismo contexto, los años 60 en Hong Kong, y un mismo director de fotografía. Aparte de todo esto, que no es baladí, lo reconozco, hay algo que no me deja ver nítidamente el tríptico.

Esta nimiedad, desde luego, no tiene la menor importancia (valga la redundancia) y, desde aquí, les recomiendo fervientemente que se empapen de la trilogía y de su laberíntico desarrollo.

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