De cine_Sin perdón

SIN PERDÓN

Dir.: Clint Eastwood
Fecha de estreno: 1992


Western crepuscular, pesimista, clásico y desmitificador. Así se nos muestra Sin perdón, trabajo dirigido e interpretado por un  fuera de la ley, Clint Eastwood, que logró alzarse con cuatro Oscar (Mejor dirección, Mejor película, Mejor actor de reparto y Mejor montaje). Y afirmo lo de fuera de la ley con toda intención. Pues Eastwood se sale de los parámetros narrativos habituales del género, sobre todo, por su aspecto desmitificador en un film que, osada y silenciosamente, incluye a un actor negro (Morgan Freeman) como compañero fiel del protagonista. Aquí, la leyenda, William Munny (el propio Eastwood), no es un ángel exterminador en toda regla, sino un ángel caído que lleva media vida intentando remontar el vuelo. Primero, dejando atrás una vida de violencia y alcohol a la que sustituye por una sosegada vida familiar y, posteriormente, intentando volver a ser aquel joven forajido capaz de reventar cualquier dentadura y sacar, así, adelante una economía familiar mermada por la gripe porcina. Ambos intentos frustrados en parte. Las primeras escenas de la película ya aventuran la tormenta en el horizonte, una tormenta que se volverá a repetir, aunque más estridentemente, justo al final del metraje, en el momento más álgido de violencia.

Munny vuelve a coger su arma y lo hace por dinero y con la torpeza de quien hace una década no practica su puntería. Su decrepitud se deja ver en diferentes ocasiones (desde mi punto de vista, demasiado exageradas y reiteradas): caídas del caballo, escasa puntería, torpeza extrema en el manejo de los cerdos… E, incluso, ese “tengo miedo a morir” que enuncia en varios momentos de la trama. Es entonces cuando Munny inicia un camino sin retorno que le llevará de la civilización a la barbarie, de ese posible -que no inequívoco- trasunto del William Blake poeta que se perfila inicialmente en Dead Man (Jim Jarmusch, 1995) a ese otro cuyos poemas, en último lugar, son escritos con sangre y que, herido ya de muerte, se deja arrastrar por las olas hacia el reposo absoluto, tal y como nuestro Munny se dejará llevar por su fiel caballo hacia el remanso de paz que identifica su hogar en los planos finales. Aunque formalmente, por supuesto, sean dos trabajos cinematográficos absolutamente dispares. Eastwood, para qué negarlo, está más cerca narrativa y formalmente de ese John Ford que firmó El hombre que mató a Liberty Balance (1962): lirismo en la imagen, cámara pausada, cierto romanticismo.

Desde luego, el Oeste ya no es lo que era y ni siquiera lo fue en su momento. La desmitificación en Sin perdón llega al punto de integrar tan tajante valoración como parte del guión: el amoral sheriff Little Bill (Gene Kackman) relata al biógrafo de Bob el inglés (Richard Harris), un caza recompensas encarcelado y vapuleado sin piedad por el primero, la patética realidad del Oeste (pistolas que explotan en las manos, borrachos que no aciertan a disparar). Sin perdón presenta de este modo una “revisión antimaniquea y naturalista del western”, tal y como apunta Carlos Aguilar en su Guía del cine (Cátedra, 2004). Pero, además, hace una reflexión sobre los orígenes y consecuencias de la violencia, poniendo sobre la mesa la ambigüedad moral de aquellos que representan la ley y de esos otros que son considerados héroes redentores. Ni los buenos son tan buenos, ni los malos lo son tanto.

Añade Aguilar que Sin Perdón no puede verse sin asumir asimismo que estamos ante “la recapitulación metafórica de la propia trayectoria profesional de su artífice”. Matiz que comparto en toda su amplitud. Eastwood, a través de su papel en la película, hace un vaciado de su propio recorrido como actor, se piensa a sí mismo, es el propio Eastwood quien se nos muestra, tanto en la pantalla como fuera de ella, como una vieja gloria del western que busca un lugar donde quedarse (hogar o celuloide, respectivamente). Y, sin lugar a dudas, el actor-director ha encontrado su sitio en ambas lides. Desde su primera incursión tras las cámaras, Escalofrío en la noche (1971), vendrán muchas películas memorables, en las que, en ocasiones, también queda lugar para el Eastwood actor: Bird (1988), Cazador blanco, corazón negro (1990), Mystic River (2003), Million Dollar Baby (2004) o el díptico sobre Iwo Jima (2006). Para la hoguera queda la fallida Invictus (2009).

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MÁS INFO

Nacionalidad: EE.UU.
Género: Western
Reparto: Clint Eastwood, Gene Hackman, Morgan Freeman, Richard Harris.
Guión: David Webb Peoples
Fotografía: Jack N. Green
Música: Lennie Niehaus

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Otro CLÁSICO es posible_John Ford

John Ford con dos de sus actores fetiche, John Wayne y James Stewart, durante el rodaje de El hombre que mató a Liberty Valance (1961).


JOHN FORD
/ Por Francisco Javier Urkijo

Autor de cuestionadas biografías sobre John Frankenheimer y Sam Peckinpah, también en Cátedra Ediciones, Urkijo hace entrega aquí (3ª edición / 1ª edición en 1991) de una monografía sobre John Ford (Estados Unidos, 1894-1973), el considerado “Director de directores” y responsable de obras maestras como La diligencia (1939), Las uvas de la ira (1940) y Centauros del desierto (1956). Ahí es nada.

Urkijo ha estructurado el libro en apartados estancos, lo que facilita su lectura y comprensión. Por una parte, están la significación histórica de John Ford y su obra; por otra, su biografía y dos miradas sobre el trabajo del director, la suya propia y la de la crítica. Finalmente, encontramos una extensa filmografía que incluye fichas de cada una de sus películas, así como resúmenes argumentales y comentarios al respecto.


SU CARA MÁS DESCONOCIDA

Pero también nos habla de su cara más desconocida, los documentales que realizó durante la Segunda Guerra Mundial como propaganda contra los nazis, de cómo llegó a Hollywood (gracias a que uno de sus hermanos ya trabajaba allí), de cómo antes, en su etapa de cine mudo, era conocido como Jack Ford, nada de John, de cómo afectó a su cine ser hijo de inmigrantes irlandeses en Estados Unidos y un largo etcétera.


UN GRAN ANGULAR SOBRE FORD

No obstante, estamos sólo ante una breve introducción (y así debe entenderse, nunca como una obra definitiva) al universo del cineasta que bien merece ser acompañada por un ciclo de cine fordiano casero e, incluso, de otras lecturas, como la del libro que publicó el también realizador Peter Bodganovich, amigo y conocedor de la obra de Ford. Un cine, el suyo, que se nos muestra impregnado de blanco y negro (sin descartar el color), querencia por el gran angular, los planos fijos y unas interacciones argumentales constantes entre civilización y primitivismo, además de una excesiva afinidad por el modelo único de famila (el convencional, entendámonos) como tabla de salvación. Resumiendo mucho, les diré que Ford es puro western, puro Monument Valley, que merece nuestra atención tanto como el spaghetti western de Sergio Leone, aunque el trabajo de ambos sea tan diferente.

En fin, pasen y lean (sus biografías), pasen y vean (sus películas). Sólo así obtendrán su particular gran angular sobre la obra cinematográfica de un autor imprescindible, John Ford.

Para terminar, les dejo un interesante vídeo que compara la obra de Ford con la de otros cineastas como Steven Spielberg, George Lucas, Martin Scorsese, Clint Eastwood y Paul Thomas Anderson donde se indica hasta los homenajes explícitos.


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MÁS INFO:

Editorial: Cátedra, Colección Signo e Imagen / Cineastas
Precio: 12.70

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