Otra PELÍCULA es posible_Un hombre soltero

UN HOMBRE SOLTERO

Dir.: Tom Ford
Fecha de estreno: 12.02.10

Un día es sólo un día, pero puede ser el día que marque la diferencia. Un tonto juego de palabras, sí, pero me sirve para introducir lo que aquí acontece, pues todo en esta historia tiene lugar a lo largo de 24 horas (el reloj es una presencia constante que nos va desgranando gota a gota el tiempo en el que transcurre toda la trama).

Estamos en Los Ángeles, 1962, punto álgido de la crisis de los misiles cubanos, así como de la posibilidad de una guerra nuclear, y el miedo se extiende por todo el planeta. Éste es el contexto que acompaña a la trama principal de Un hombre soltero. Pero de lo que realmente nos habla el primer largometraje de Tom Ford (Texas, 1961), acreditado diseñador de moda que, en 2004, fundó su propia productora de cine, FADE TO BLACK, es de la soledad no buscada, de la pérdida del deseo de seguir viviendo cuando nada parece tener sentido.

Un hombre soltero nos cuenta la historia de George Falconer, un profesor universitario (Colin Firth) que pierde a su pareja (Matthew Goode) en un accidente de tráfico, hito a partir del cual intenta seguir adelante, sin apenas conseguirlo, apenas rememorando la vida en común que dejó atrás un inesperado suceso. El sinsentido acecha su vida y decide suicidarse al finalizar el día. Tras esta dramática decisión cada segundo adquiere vital importancia para George y es visto y vivido por éste desde una perspectiva totalmente diferente.

Y es que todos podemos perdernos en algún momento de nuestras vidas. El propio Tom Ford, así lo asume: Hay mucho de mí en mi versión de George. Mucha gente pasa por una especie de crisis espiritual al llegar a la mediana edad. Conseguí grandes logros en el mundo material a una edad muy temprana: seguridad económica, fama, éxito profesional y más bienes materiales de los que podía disfrutar. Tenía una vida personal plena, un maravilloso compañero sentimental con quien llevaba 23 años, dos estupendos perros y gran cantidad de amigos pero, de algún modo, me perdí un poco (…). Nuestra cultura anima a pensar que todos nuestros problemas se pueden resolver mediante bienes materiales. Había descuidado por completo el aspecto espiritual de mi vida.

Ésta es la adaptación cinematográfica de la novela A Single Man de Christopher Isherwood, una novela cuyas formas son las de monólogo interior y que aquí se transforma en una serie de encuentros con otros personajes (entre ellos, una magnífica Julianne Moore y un no menos impactante Nichotas Hoult); un protagonista más cercano a lo políticamente correcto y con claras intenciones de quitarse la vida.

Algunos pensarán que estamos ante la típica película de temática gay. Se equivocan. El tema que aborda es universal, el sentido de la vida, y lo hace desde el respeto y el susurro, contando con una bella fotografía responsabilidad del joven catalán Eduard Grau (fíjense también en cómo van cambiando los colores en función de los cambios emocionales que sufre el protagonista, una banda sonora impecable a cargo de Shigeru Umebayashi (responsable de la susodicha en In The Mood For Love de Wong Kar-Wai) y Abel Korzeniowski, además del buen hacer de Colin Firth, que se hizo con la Copa Volpi en la pasada edición del Festival de Venecia y que ha sido nominado al Oscar a Mejor Actor Protagonista. El filme cuenta, además, con otro español en su haber, el modelo Jon Kortajarena, que debuta en esto del celuloide con un papel secundario, una suerte de morboso James Dean. Y no, NO ES MODA TODO LO QUE RELUCE.

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MÁS INFO

Género: Drama

Reparto: Colin Firth, Julianne Moore, Matthew Goode, Ginnifer Goodwin, Nicholas Hoult, Jon Kortajarena.

Guión: Tom Ford, David Scearce
Fotografía: Eduard Grau
Música: Shigeru Umebayashi y Abel Korzeniowski

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www.asingleman-movie.com

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PUBLICADO POR LA QUE ESTO SUSCRIBE EN NOTODO.COM (aquí pueden ver una buena galería de imágenes de la película)

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Criticar por criticar o no_Wong Kar-Wai_Trilogía

EN EL PASADO, CUANDO LAS PERSONAS TENÍAN SECRETOS Y NO DESEABAN COMPARTIRLOS, BUSCABAN UN ÁRBOL Y HACÍAN UN AGUJERO EN ÉL PARA SUSURRAR ALLÍ SU SECRETO. LUEGO LO RECUBRÍAN CON BARRO. DE ESE MODO, NADIE MÁS LO DESCUBRIRÍA.

El tríptico como retrato posible del amor (o su recuerdo) en Hong Kong, años 60, en tres partes:

Days of Being Wild (1990) nos acerca a 1960.

In The Mood For Love (2000) retrata de 1962 a 1966.

2046 (2004) se ubica de 1966 a 1969.

El tríptico de Wong Kar-Wai funciona a modo de sutil -o no tanto- desembarco de personajes de uno a otro a film (Maggie Cheung, cuyo personaje en los tres responde al mismo nombre, Su Lizhen, y Tony Leung, el señor Chow en los dos últimos trabajos), a modo de cadencia musical que forma parte del relato (boleros incluidos) que recorre las historias marcando su propio ritmo de sublimación del recuerdo -lento- y haciéndose eco de historias melodramáticas estilizadas, poéticas, añoradas (maravillosa fotografía de fotografía Christopher Doyle), repletas de lluvia que empapa tanto como el amor, protagónicos espejos que multiplican personajes e historias hasta el infinito (luces y sombras, encuentros-desencuentros, amor-desamor, lágrimas rabiosas y lágrimas contenidas, deseo no culminado, emociones contenidas), que nos muestran a unos personajes siempre demasiados solos, que nunca acaban de encontrar la felicidad, siempre errantes, como el pájaro sin patas, de vuelo constante, que sólo se posa en el suelo cuando muere al que alude su primer protagonista (Days of Being Wild).

En la trilogía todo es ficción pero, en ocasiones, esa línea ficcional se rompe con la intromisión, vehiculada a través de la televisión, de una realidad política complicada (la de China durante esos años) que anticipa así los nuevos derroteros que está tomando el cine en la actualidad, unos derroteros que rompen los compartimentos estancos entre cine de ficción y cine documental que enconsertaban sus posibilidades.

Es evidente el díptico formado por las dos últimas. Days of Being Wild, sin embargo, se me escapa, me resulta más huidiza, salvo por una recurrencia temática que, además, señala un mismo contexto, los años 60 en Hong Kong, y un mismo director de fotografía. Aparte de todo esto, que no es baladí, lo reconozco, hay algo que no me deja ver nítidamente el tríptico.

Esta nimiedad, desde luego, no tiene la menor importancia (valga la redundancia) y, desde aquí, les recomiendo fervientemente que se empapen de la trilogía y de su laberíntico desarrollo.

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