Terra incógnita_las claves del periodismo 2.0_Newwws!

Cómo ser periodista 2.0 o crear un medio digital sin morir en el intento, así podríamos haber titulado este artículo. Y es que, en definitiva, los periodistas –vieja o nueva escuela- lo tenemos crudo ante tanta overdose tecnológica y diversidad de demandas a la que nos vemos sometidos.

Frente al tan cacareado periodista One Man Band, una se queda paralizada, sobre todo teniendo en cuenta que ni los propios medios saben hacia dónde se dirigen -ni ellos mismos, ni esta revolución tecnológica-. Si a ello le sumamos la crisis del sistema económico mundial, podemos decir que esto no ha hecho más que empezar.

Imagen: “El hombre orquesta” (One Man Band, 2005), corto de Pixar

Cabe la posibilidad de equiparar el estado mediático actual a una realidad Photoshop. Es decir, tendríamos diferentes capas que, agrupadas, darían una imagen global del fenómeno. O lo que es lo mismo, para entender lo que está pasando, necesitamos tener presente los diferentes elementos que articulan la realidad.

Por una parte, la industria periodística –conocer su lado empresarial, por supuesto-; por otra, el rol del periodista -qué cambia del papel al 2.0- y, finalmente, las nuevas oportunidades que surgen de cualquier crisis. Sin duda, estamos en un mundo nuevo, un mundo conectado, y eso requiere, por ende, de nuevos modelos de negocio y nuevos comportamientos.

Así lo apuntó Víctor Puig, director de reputación y contenidos en Overalia, el pasado martes, en la última conferencia de Newwws!, “un espacio para reflexionar sobre la comunicación editorial en los nuevos espacios digitales” que ha tenido su sede en el IED durante los últimos cuatro meses.

Puig habló de publicidad en Internet -que es, al fin y al cabo, lo que mantiene los medios y a los periodistas-, poniendo de relieve el mayor sufrimiento de los nativos digitales frente a los provenientes del papel, pues son estos últimos los únicos que cuentan con balón financiero detrás y un prestigio ya consolidado.

Los nativos digitales, hasta que todo esto se estabilice y el dinero fluya con normalidad, se ven obligados a mantener una estructura de gastos imposible y eso pese a que el tamaño de las redacciones digitales se ha reducido a la mínima expresión. Y es que la pela es la pela, amigos, y nadie escapa a su influencia. Que se lo digan a los responsables de Soitu y Factual, tan interesantes como fallidos proyectos mediáticos.

Los medios, desde luego, deben despabilar si no quieren quedarse fuera del reparto, ya que Google controla el 70 % de la publicidad online y los usuarios están leyendo contenidos alternativos (19,7% blogs, 80,6% redes sociales).

Imagen: Vía Alejandro Suárez Sánchez-Ocaña

Pero no sólo eso. ¿Puede un medio digital plantearse, como contraprestación, cobrar por el contenido y así financiarse? La respuesta es clara, según un estudio realizado por Nielsen (27.000 usuarios de 52 países, 2010). El 70% de los usuarios está dispuesto a pagar si el contenido ofrecido es de calidad, el 75% no está dispuesto a pagar si ya es subscriptor de medio en su edición en papel.

¿Cómo hacer rentable, entonces, un medio digital acostumbrados a los altos márgenes de rentabilidad del papel a lo largo de los dos últimos siglos? He aquí el verdadero puntal del periodismo 2.0. La cuestión, como señala Jeff Jarvis y recoge John Carlin en El País, es que “aunque haya un núcleo reducido de personas dispuesto a pagar por leer noticias exclusivas o columnas bien escritas, la realidad es que los ingresos que generan no compensan las inevitables pérdidas de publicidad”.

Pero opiniones hay para todos los gustos. En una entrevista publicada ayer por PR Noticias, Francisco Frechoso, director del digital Cuarto Poder, no cree que el futuro pase por el pago de contenidos. Así las cosas, veremos qué nos depara el periodismo a corto y medio plazo.

Espero que los contenidos de pago no se conviertan en acomodo de connaisseurs, en joya informativa destinada sólo a una elite documentada y económicamente solvente. Espero, también, que no tengamos que hablar de ciudadanos de primera con acceso a información de relevancia versus ciudadanos de segunda con acceso a información tratada de forma superficial.

Desde luego, el futuro del periodismo es harto complicado. No obstante, tras escuchar a Puig, me atrevo a aventurar algunos aspectos del horizonte mediático:

1. El papel seguirá existiendo, pero en menor medida, y conviviendo con el digital. Un digital que, poco a poco, impondrá sus nuevas formas-hábitos y será accesible-digerible para todos. Si las redacciones serán integradas (un mismo periodista trabaja en ambos formatos) o segregadas (diferentes periodistas para diferentes formatos) quedará a merced del buen entender del responsable de cada medio.

2. Habrá una bicefalia mediática, aquella parasitaria que haga copy&paste de las noticias de agencia o de las noticias de otros –agenda externa– y aquella otra que elabore sus propias noticias, crónicas y reportajes desde un punto de vista particular, profundo y personal –agenda propia-. El usuario decidirá si le interesa la asepsia informativa o el trabajo serio y reflexivo.

3. Entre tanta maraña informativa, el papel del experto cobrará vital importancia a la hora de diferenciar el grano de la paja, lo bien escrito de lo zafio, lo profundo y riguroso de lo superficial y sin documentar. Y este rol de prescriptor podrá encontrarse tanto en el papel como en el digital. Todo ello, pese a que como apunta Puig, actualmente las redacciones, en un alarde de incongruencia y estupidez (expresión y adjetivos de cosecha propia), se están becarizando en exceso.

4. Sí, los periodistas nos veremos obligados a ser hombre orquesta donde las habilidades multimedia estarán a la orden del día, así como la inmediatez en continuo equilibrio con el análisis y la interacción diaria con las redes sociales.

5. El SEO (Search Engine Optimization) será un protagonista más. Porque somos lo que publicamos, pero también lo que los demás publican sobre nosotros y para eso la visibilidad, el posicionamiento en buscadores, es una herramienta imprescindible.


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PUBLICADO POR LA QUE ESTO SUSCRIBE EN YOROKOBU.ES

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Criticar por criticar o no

SOSPECHOSOS DEL ‘COPIA Y PEGA’

En este mundo “sin originales” en el que vivimos, los plagios son numerosos y parecen asumir el don de la ubicuidad. ¡Atención, atención, los auténticos hypes son las novelas históricas, las sagas y las historias de vampiros! ¿Quiere vender usted un libro, quizá una película? Nada mejor que se dedique a alguno de estos grandes asuntos, le aseguramos que venderá. No importa que se note que “copia”, “adapta” o se “inspira” más de la cuenta, sólo tiene que seguir los cánones establecidos por el mainstream: “una información liviana estructurada y problematizada como un saber académico” (pensamiento más que adecuado que cojo prestado de Homo Sampler, Eloy Fernández Porta y aplico a mi divagación particular). Por esa misma razón, y porque esto me enfada más de la cuenta, les copio y pego yo misma este interesante artículo sin necesidad de plagiar, pues cito la fuente y no me atribuyo méritos ajenos. Que lo disfruten. No tiene desperdicio.

Artículo extraído de 20minutos.es / Firmado por RAFA VIDIELLA. 10.11.2009

William R. Inge dijo que “la originalidad consiste en copiar sin que te cojan”. Quizá sea por eso que, en la literatura, abundan las acusaciones de plagio. Premios Nobel, superventas y leyendas de las letras han vivido dicho escarnio. El último, el peruano Alfredo Bryce Echenique.

Bryce Echenique ha sido acusado de ‘fusilar’ textos de 15 autores. El autor de Un mundo para Julius es, gracias a sus novelas, cuentos y crónicas, un afamado autor internacional. Pero, según el Indecopi (entidad peruana defensora de la propiedad intelectual), se ha dedicado estos años a copiar textos ajenos.

Artículos de Eulalia Solé, Sergi Pamiés y trece autores más fueron fusilados por el acusado. Bryce se ha defendido de varias formas, a cual menos convincente: acusando a los copiados de envidiosos, desacreditando al Indecopi e, incluso, echándole la culpa a su secretaria.

Por triplicado

El de Bryce, que tendrá que pagar casi veinte mil euros, es sólo un caso más. Lucía Etxebarría fue acusada por la revista Interviú de plagiar a Antonio Colinas en Estación de infierno (2001), y de repetir fragmentos de Nación Prozac de Elizabeth Wurtzel en Amor, curiosidad, Prozac y dudas (1997).

Etxebarría alegó sufrir un acoso mediático “tan traumático como una violación”, pero un juez dio la razón a Interviú. Años después, Jorge Castelló volvió a acusarla de plagiar Dependencia emocional y violencia doméstica en Ya no sufro por amor (2005), papeleta que Etxebarría solucionó con tres mil euros y alegando «errores de imprenta».

Lucía Etxebarría alegó “errores de imprenta”El ex director de la Biblioteca Nacional, Luis Racionero, también se vio enfangado por La Atenas de Pericles que publicó en 1993, que incluía párrafos completos de Gilbert Murray o Richard Livingstone sin citarles.

El periodista Ricardo Martínez de Rituerto le descubrió, y ambos tuvieron una sonada discusión radiofónica en la que el presunto plagiador apenas pudo justificarse, argumentando que utilizó “ideas de otros. Se llama intertextualidad: buscar lo que han dicho otros y contarlo. No vas a inventar. Lo hacemos todos”.

Esperando juicio

Si dirigir la Biblioteca Nacional no exime de sospechas, tampoco el Nobel libra de estos malos tragos. Camilo José Cela fue acusado por una escritora gallega, María del Carmen Formoso, de copiar su obra Carmen, Carmela, Carmiña en La Cruz de San Andrés (1995).

Cela, que ganó con esta novela el Premio Planeta, habría recibido de la editorial el original de Formoso, para que lo retocase y, por ende, se llevase el galardón. José Manuel Lara Bosch, consejero delegado de Planeta, y el propio Cela lo negaron en un proceso que, pasada  una década, aún espera juicio oral.

Valle Inclán “vivía inmmerso en la literatura… ajena”Ya en épocas anteriores otros ilustres literatos españoles también fueron acusados de plagio. De Valle Inclán (1866-1936), por ejemplo, se dijo que se inspiró demasiado en las letras ajenas en su Tirano Banderas o El Ruedo Ibérico, aunque defensores como Zamora Vicente le justifican asegurando que “vivía inmerso en la literatura… ajena, añadamos”.

También Leopoldo Alas Clarín recibió parecidas denuncias, como se acusaban de plagio, en medio de su floreada y poética guerra, los legendarios Quevedo y Góngora.

El repetidor de cosas

Injustificable resulta, en cambio, lo ocurrido con el psicólogo y escritor argentino Jorge Bucay, que en 2004 publicó su novela Shimriti. El éxito inicial se convirtió en escándalo al hacerse público que, de las 270 páginas de la obra, 60 eran calcadas a las de La sabiduría recobrada, de la española Mónica Cavallé.

De las 270 páginas, 60 eran calcadasCavallé no llevó el caso a los tribunales, conformándose con una carta de disculpa que Bucay publicó en Mente sana. En la epístola, el escritor explica que “un error absolutamente involuntario permitió que los textos de la profesora Mónica Cavallé fueran incluidos en Shimriti sin la correspondiente y merecida mención de su fuente”, y se excluye de culpa al considerarse un “repetidor de cosas. Aggiorno y modifico: no soy el gran pensador o sabio que se quiere hacer de mí”.

Poco tiempo después, otro escritor, Ramiro Calle, volvió a acusar a Bucay de haberle copiado sus cuentos, recopilados a lo largo de diversos viajes a la India.

Rencillas y premios Nobel

Parecidas a las de Góngora y Quevedo, las rencillas entre los chilenos Pablo de Rokha y Pablo Neruda terminaron salpicando la originalidad del segundo. En 1955, De Rokha publicó Neruda y yo, donde define al autor de Canto general como  “un sapo plagiario”. Neruda terminó reconociendo que, en uno de sus Veinte poemas de amor y una canción desesperada (más concretamente, en el XVI), parafraseaba a Rabindranath Tagore.

De Rockha definió a Pablo Neruda como “un sapo plagiario”Neruda no es el único Nobel latinoamericano cuestionado: García Márquez ha escuchado varias veces que Aureliano Buendía, uno de los personajes de Cien años de soledad (1967), tenía demasiado en común con un protagonista de La búsqueda del absoluto, de Balzac.

En las letras anglosajonas también abundan las sospechas. Dan Brown, que vio como un tribunal fallaba a su favor ante una demanda por El Código Da Vinci (inspirada, decían, en Sangre Santa, el Santo Grial, de Michael Baigent y Richad Leigh), se enfrenta cada cierto tiempo a ellas.

¿El precio del éxito? Eso pensará Stephen King, también llevado a juicio por Christine Starobin, que aseguraba que Blood Eternal inspiró la Desesperación del autor, que ganó el juicio.

Ian McEwan no llegó a los tribunales, pero diversas voces pusieron en duda la originalidad de Expiación, defendida en el acto por literatos como Kazuo Ishiguro, Thomas Pynchon o John Updike.

La polémica ha afectado hasta a presuntamente intocables como Mark Twain, T. S. Eliot o William ShakespeareNo tuvo tanta suerte el historiador estadounidense Stephen Ambrose que, en su último año de vida, 2002, afrontó hasta doce acusaciones por haber, se supone, copiado a otros tantos autores a lo largo de su carrera.

Alex Haley, autor de la célebre Raíces, tuvo que pagar más de medio millón de dólares por las coincidencias de su obra con la de Harold Courlander. Y varios ensayos del s. XVIII trataron de justificar que El paraíso perdido, de John Milton, era una obra maestra… robada a anteriores poetas.

La polémica ha afectado hasta a los presuntamente intocables Mark Twain, T. S. Eliot o William Shakespeare. ¿Todos ellos cometieron, en algún momento, plagio? “El artista inmaduro imita”, decía el crítico literario Lionel Trilling, “el artista maduro roba”.
Copias que dan el cante

En la música las denuncias por presunto plagio están a la orden del día. Coldplay se enfrentó, nada más sacar Viva la Vida or Death and All His Friends, a la acusación del grupo estadounidense Creaky Boards de haber plagiado su tema The Songs I didn’t Write, y el guitarrista Joe Satriani también acusó a la banda de Chris Martin de copiar su If I Could Fly.

La lista es muy larga: el ex Beatle George Harrison fue acusado de plagio por su éxito My Sweet Lord, presuntamente inspirado en un tema de The Chiffons; Michael Jackson estuvo a punto de tener que pagarle dos millones de dólares a Al Bano por adaptar, en su Will You Be There, el tema I cigni di Balaka, y Madonna tuvo que enfrentarse a parecidas denuncias por la autoría de Frozen, prohibida en Bélgica por su excesivo parecido a Ma vie fout le camp, de Salvatore Acquaviva.