Canciones para un martes + Slavoj Žižek

CANCIONES PARA UN MARTES

PIANO MAGIC / Never It Will Be The Same

THE FIERY FURNACES / Ex Guru

THALIA ZEDEK / House of The Rising Sun

LA HABITACIÓN ROJA / Voy a hacerte recordar

BRADIEN / Dip

* Esta semana mi fuente de inspiración musical ha sido la agenda de PlayGround Mag. Claudia, a tus pies.

Slavoj Žižek_un momento para la reflexión

El marco del cuadro que tenemos delante no es su verdadero marco; hay otro invisible, un marco que se halla implícito en la estructura del cuadro, un marco que enmarca nuestra percepción del cuadro, y estos dos marcos por definición no se superponen nunca, hay una brecha invisible que los separa.

Extracto de Lacrimae Rerum. Ensayos sobre cine moderno y ciberespacio (Ed. Debate. P. 28), libro que estoy devorando y, desde aquí, recomiendo.

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Otra CRÍTICA es posible_La cinta blanca

LA CINTA BLANCA

Dir.: Michael Haneke
Fecha de estreno: 15/01/10

“El blanco es, como todos sabéis, el color de la inocencia”

En estos términos se expresa uno de los protagonistas del último trabajo del cineasta austriaco, el padre de unos niños a los que, como castigo, les obliga a llevar una cinta blanca -de ahí el título del filme- atada a su brazo para que, de este modo, recuerden que se han desviado del camino recto y son, por ende, impuros. Algo que podríamos concebir como una suerte de estrella amarilla que, posteriormente, marcaría a los judíos a modo de antisemitismo por parte del nazismo y de cuyos orígenes, entre otras cosas, nos habla Haneke.

Ubicada a principios de siglo -previa a la Primera Guerra Mundial-, en una pequeña comunidad rural del norte de Alemania, opresiva en su educación -religiosa y formal- y de una rigidez moral extrema, la historia hanekiana va desgranándose con la ayuda de un narrador, el profesor del pueblo, y sus recuerdos, a modo de flashback. Poco complaciente y muy desoladora respecto a la condición humana, La cinta blanca es el inequívoco retrato de un existencialismo escéptico, un despertar de la inocencia y una inmersión sin lubricante en un mundo cruel y déspota, el nuestro, en el que no queda nadie virgen y, mucho menos, sano. Es, sin duda, el nítido reflejo del abuso de los poderosos frente a los débiles, la importancia y prevalencia de las apariencias frente a la dura realidad. Así las cosas, el blanco y negro de la pantalla se diluye en un gris moral, donde todo comportamiento está lleno de matices e interesada flexibilidad ante lo convencionalmente establecido como correcto. El doctor, por ejemplo, es todo un referente de la comunidad; sin embargo, de puertas para adentro, es sádico y cruel con su amante, tanto como con su hija, de la que abusa en clara sustitución de una madre extinta a la que imaginamos tampoco respetaba.

Ha apuntado el propio Haneke que La cinta blanca es el retrato de la infancia que tuvieron aquellos que tiempo después se convertirían en los artífices de la ascensión del nacionalsocialismo -un nazismo que ni siquiera menciona explícitamente-, pero no sólo eso. Tal y como afirma el cineasta, “sería una interpretación demasiado fácil al transcurrir la historia en Alemania, sino (que nos habla en general) del modelo y del problema universal del ideal pervertido”. La cinta blanca parece querer advertirnos de que, tal y como afirmaba el filósofo y psicoanalista Slavoj Žižek en Lacrimae Rerum, “detrás de todo orden legal se oculta siempre el horror de algún crimen inconfesable”. Destacar, por lo tanto, que en el filme no existe una violencia meramente física -muertes, violencia de género, violación de la inocencia-, que también, sino más bien psicológica, marca inequívoca de la casa Haneke. Recuerden, si no, Caché o La pianista, películas donde la elipsis ha desaparecido y el envite hacia el espectador es frontal; un espectador que irrefrenablemente, ante algunas imágenes, siente nauseas. Haneke, no obstante, deja puertas sin cerrar para que, digámoslo así, entre la reflexión acerca de lo que entendemos por violencia, cuáles son sus orígenes y consecuencias. “El arte –afirma el autor- debe hacer preguntas y no avanzar respuestas que siempre parecen sospechosas, incluso peligrosas”.

A estas alturas del panorama, se preguntarán por qué Haneke ha elegido el blanco y negro y el tiempo pausado en un contexto cinematográfico donde prima el color, el espectáculo de las tres dimensiones, la urgencia del dinamismo… Bien, entendamos pues el blanco y negro como reflejo psicológico de una época –gris- a la que alude, pero también como el deseo consciente de un cineasta que quiere alejarnos del sensacionalismo mediático contemporáneo ante el que, por sobreexposición, ya estamos inmunizados y despertar así nuestras aletargadas conciencias.

El resultado no ha podido ser mejor. Ganadora de la Palma de Oro en la última edición del festival de Cannes y del Premio a la Mejor Película Europea, La cinta blanca ha sido galardonada, asimismo, con el Premio Fipresci de la crítica y el Globo de Oro a la mejor película de habla no inglesa en la 67 edición de los premios que otorga la Asociación de Periodistas Extranjeros de Hollywood, además de haber sido seleccionada para representar a Alemania en los Oscar a la mejor película de habla no inglesa (favorita en todas las quinielas). Sin duda, estamos ante la obra maestra de Haneke, la que le otorga indefectiblemente un sillón entre los grandes de la Historia del cine.

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MÁS INFO

Estreno: 15.01.2010

Nacionalidad: Alemania, Austria, Francia, Italia

Género: Drama

Reparto: Enno Trebs, Theo Trebs, Rainer Bock, Susanne Lothar, Roxane Duran, Miljan Chatelain, Eddy Grahl, Branko Samarovski, Birgit Minichmayr, Sebastian Hülk, Kai Malina, Kristina Kneppek, Stephanie Amarell, Bianca Mey, Aaron Denkel, Mika Ahrens…

Guión: Michael Haneke

Fotografía: Christian Berger, Aac

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www.golem.es/lacintablanca

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