Domingo de remember_Clara Sánchez

CLARA SÁNCHEZ_Entrevista

“Lo que esconde tu nombre” / PREMIO NADAL 2010

Como saben, deberían saber o sospechar, Domingo de remember recoge artículos, entrevistas, críticas o reportajes realizados por mí en tiempo pretérito o no tanto, como es el caso de hoy: la resolución del Premio Nadal tuvo lugar a principios de enero y la novela, una acertada combinación entre thriller psicológico y novela histórica, ha salido a la venta en febrero (Ed. Destino).

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“La enfermedad y la vejez disfrazan a cualquiera de bondadoso”, así de tajante se muestra la escritora Clara Sánchez (Guadalajara, 1955) en sus respuestas. Y no podemos estar más de acuerdo, ¿qué mejor disfraz para un verdugo nazi que el de anciano? A tan truculento paraje nos acerca “Lo que esconde tu nombre”, la novela ganadora del Premio Nadal 2010.

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La primera pregunta, no puede ser otra que ésta: ¿qué esconde “Lo que esconde tu nombre”?

Habla de que no todos somos lo que aparentamos ser, de que una cara agradable puede ocultar a un monstruo y de que mucha gente que abusa de los demás logra escaparse sin pagar. Pero también habla de la profunda amistad que puede surgir entre personas de edades muy distintas y del amor como recurso salvador para darle sentido a nuestra vida. Incluso los monstruos se enamoran en esta novela.

¿Existe mejor disfraz para un responsable de la masacre nazi que el de una pareja de ancianos pasando sus últimos años en la costa española?

Es el disfraz ideal. Sólo se necesita un pantalón corto, una gorra y la debilidad propia de los años. La enfermedad y la vejez disfrazan a cualquiera de bondadoso. Ves a un anciano y piensas: este hombre trabajó, se esforzó y se jubiló y ahora está en paz, pero no siempre es así.

¿Por qué cree que, tras la llegada de la democracia a España, no se les ha perseguido y sometido a la justicia?

Esta es la gran pregunta. Nadie los denunció, no se les consideraba peligrosos… No conozco el entramado judicial, el caso es que muchos han muerto en sus camas bajo el calor de nuestro sol.

¿Quién es Clara Sánchez? ¿Lleva algún disfraz? ¿Alguna vez le hubiera gustado esconderse tras alguno o convertirse en el trasunto de algún personaje literario?

Odio aparentar lo que no soy, por ejemplo, más inteligente, mayor alcurnia familiar, más riqueza, más y más de lo que sea. El dar gato por liebre me hace sentir mal, como si yo no fuera suficiente, así que a veces tiendo a rebajar mi perfil sin darme cuenta. Pero también es cierto que hay algo de Dr. Jekyll y Mr. Hyde en mí, cuando me tocan mucho las narices sale Dr. Jekyll. Y todos somos personajes literarios en potencia, sólo hace falta que un escritor se fije en nosotros. Me habría gustado que se fijase en mí Flaubert, lo que es imposible, o Javier Marías, lo que aún sería posible.

¿Se puede vivir de ser escritora full-time o también dedica su tiempo a otros menesteres?

Nunca he escrito para comer. He trabajado en otras cosas precisamente para poder escribir y nunca me pregunté si me daría para vivir. Las cosas han ido rodando y ahora sólo me dedico a escribir y a todo lo que lleva anejo. A veces estoy mejor de dinero y otras, peor.

¿Qué ha significado recibir el Premio Nadal? ¿Qué ha cambiado tras el galardón?

Es un premio de enorme prestigio, encontrarme en su lista de premiados me honra como escritora. Y ahora me queda hacer lo que siempre he hecho: escribir, trabajar. Es la mejor manera que conozco de merecerme lo que me dan.

¿Tiene ya en mente su próxima novela?

De momento, en cuanto pueda ponerme a ello, pienso continuar la historia de “Lo que esconde tu nombre”.

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ENTREVISTA PUBLICADA POR LA QUE ESTO SUSCRIBE EN LA REVISTA EL DUENDE (n. 102).  Ilustración: Nuria Cuesta

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Domingo de remember_Andrés Trapiello

ENTREVISTA A ANDRÉS TRAPIELLO

Realizada por la que esto suscribe
Publicada en Esquire (marzo_2009)

Fotografía: Hugo Estenssoro

* Como siempre, comentarles que se publicó en la sección En esto creo y que, por lo tanto, no aparecen las preguntas del periodista, sólo las respuestas del entrevistado.

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DECLARACIONES DE ANDRÉS TRAPIELLO
Escritor, 55 años, Manzaneda de Torío, León

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Al atardecer, al volver de la escuela, pasaba por delante de la cárcel vieja de León y oía cómo los carceleros comprobaban el estado de los barrotes con una barra de hierro. Lúgubres arpegios. Fue entonces cuando supe que la literatura sería mi vida.

En literatura son difíciles los comienzos y los finales. Y de lo de en medio ni hablamos. Yo no he conocido nada fácil en esto.

No he sido bibliófilo nunca. Me gustan los libros, sí, pero siempre he dicho: “Libro que no has de leer, déjalo correr”. También me gusta esta otra frase: “Los libros que han cambiado nuestra vida cuestan dos euros y se encuentran en los kioscos”. En mi mesilla ahora encontrarías una antología de Rilke traducida por Antonio Pau.

La literatura ha sido, es y será cosa de minorías. Los lectores han sido, son y serán siempre pocos. Ahora, compradores de libros podrán ser muchos.

No tengo la menor idea de en qué se convertirá Internet ni cuál es el futuro del libro impreso. De cualquier manera, en mi casa hay ya más libros de los que podré leer en toda mi vida.

Puede decirse de los premios lo mismo que de los rechazos: hoy en día los tiene todo el mundo; los escritores malos, los regulares y los buenos. Dicen muy poca cosa. Son como los perfumes, en cada uno huelen de diferente modo. En mi caso, el Nadal me facilitó algunas cosas, un premio que también lo tienen escritores malos, regulares y buenos.

Hay lucha de egos e intereses económicos detrás de algunos galardones. Como en todo. Lo decía el viejo Lara a propósito del Planeta: los niños no vienen de París.

Me han rechazado un libro. Como a todos los escritores. Un rechazo no dice nada de nadie, ni a favor ni en contra.

En parte, me hice editor y tipógrafo aficionado para evitar los rechazos editoriales. Por orgullo. Decir que he sido editor y tipógrafo suena a más de lo que he sido. Soy editor y tipógrafo oyente, de juguete.

Novelista, ensayista, poeta, articulista… todo es reflejo, más o menos, de lo mismo: una manera de estar en el mundo. Todo y nada le da a uno de comer, si come poco.

Para poder escribir es necesario haber leído mucho. Pero no demasiado. A partir de un punto todos hemos de elegir qué queremos ser: escritores o lectores.

Mi literatura aspira a ser vida y restitución.

Si me preguntas de qué libro me siento más satisfecho, te diré que de ninguno y de todos, más o menos.

La literatura es vida. Una forma de vida, no diferente de ella. La literatura es un organismo vivo, por eso no importa que esté descacharrada a veces. Lo que la literatura no es nunca es mecanismo gimnástico, artístico o intelectual.

Todo escritor está solo por fuera y acompañado por dentro. Está solo, pero lleva en su interior una multitud.

Si el trabajo no es gustoso, malo. Si el escritor está mirando cada media hora el reloj para dejar de escribir, peor: de eso se dará cuenta el lector. Al escritor, como a San Ero de Armenteira, se le pasa el tiempo volando. Por fuera y por dentro también.

El tiempo ha cambiado mi literatura. Como cambia la vida la manera de vivirla.

Como ensayista me preocupa lo mismo que a todos: el amor, la muerte y el tiempo. Y todo eso buscado en los hechos menudos de la existencia, en las personas que conozco, en la literatura, en las historias que me han contado…

La poesía es una forma de conciencia y de conocimiento. Y el poeta… un mandado, alguien a quien la poesía viene casi siempre grande, y lo acepta humildemente.

Del rencor nunca sale nada bueno. Avellaneda detestaba a Cervantes, por eso su segunda parte de El Quijote es tan mala. Yo escribí Al morir Don Quijote por amor a un libro que me habría gustado aún mucho más largo. Lo excelente nace siempre de una celebración. Y eso casi siempre va contra la naturaleza melancólica de la mayor parte de los autores. “España”, decía Torrente Ballester, “no es cervantina, sino quevedesca, gongorina y esperpéntica”. Por eso he dicho, hace ya muchos años, que si hubiera habido Premio Cervantes en el Siglo de Oro, se lo habrían dado a Lope.

Estoy encajado en la izquierda desde hace treinta años. Pero la cultura la hacen personas, no partidos políticos ni gobiernos, contra lo que suelen creer los ministros de derechas y de izquierdas. Trapiello, un cervantino de los pies a la cabeza.
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Domingo de remember_Álvaro Pombo

Fotografía_ © Daniel Alea (2009)

Aprovechando que se acaba de presentar la Nueva Gramática de la Lengua Española, tras más de una década de trabajo conjunto de las 22 Academias de la Lengua para conformar lo que se ha dado en llamar el “mapa del Español”, recupero aquí una entrevista a Álvaro Pombo (Santander, 1939), escritor, intelectual y miembro de la Real Academia de la Lengua Española (por lo tanto, responsable de esta nueva obra), que realicé para la revista Esquire el pasado mes de marzo.

La entrevista tuvo lugar en su céntrica casa de Madrid entre miles de libros desordenados y amontonados por doquier y una curiosa protagonista, la ceniza (de cigarros, entiéndanme), esparciendo su presencia, marcando territorio (fíjense, sino, en la foto realizada ese mismo día). La intimidad de su abigarrado salón nos mostró al Pombo más inquieto y expresivo, capaz de desprender una energía y una convicción inigualables a la hora de transformar sus pensamientos en palabras.

Sin más rodeos, les dejo sus palabras. Como siempre, les recuerdo que la sección En esto creo en la que la entrevista fue publicada sólo recoge las declaraciones del entrevistado, no las preguntas realizadas por el/la periodista.

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Entrevista realizada por la que esto suscribe en marzo de 2009
Publicada en Esquire en mayo de 2009

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DECLARACIONES DE ÁLVARO POMBO

En mi época éramos muy burros, aunque ahora nos guste pensar que devorábamos libros de Virgilio y Platón. Y no es cierto. Yo fui un estudiante regular, no muy bueno, la verdad.

Es cosa de la derecha afirmar que la gente joven no lee. Yo creo que están muy despiertos y que leen lo que pueden, pero lo hacen de otra manera, por ejemplo, a través de Internet. Para mí es muy cansado hacerlo ante la pantalla del ordenador.

No creo que los libros vayan a desaparecer en favor de Internet. Yo trato de aprovechar sus utilidades y soy consciente de que determinan una relación distinta con el pensamiento y la forma de expresarse del ser humano.

No estoy en contra del matrimonio gay, aunque durante un tiempo sí he criticado el uso de la palabra “matrimonio”. Ahora creo que sí hay que utilizarla porque si no, jurídicamente, se produce una desigualdad en los derechos. Y en vista de que la Iglesia Católica española se está comportando de una manera tan retrógrada, lo apoyo completamente.

Las influencias más importantes de un escritor son siempre las que recibe de joven, no de lo que va leyendo después. En mi vida han sido relevantes escritores como Thomas Mann, Graham Greene y Georges Bernanos; pensadores como Unamuno, Sartre, José Luis Aranguren y José Antonio Marina; poetas como T. S. Eliot, Rilke, José María Valverde, Antonio Machado o Luis Cernuda. Aunque es difícil decir qué cosas de las que uno lee influyen más o menos en lo que hace.

Gané el Premio Herralde de Novela en 1983, pero hasta 1991 no obtuve el de la Crítica. Mientras tanto, estuve trabajando en un banco y haciendo toda clase de actividades. Los premios me han venido muy bien. La venta de libros es complicada y los galardones generan automáticamente publicidad y, por lo tanto, más ventas. Pero, en general, puedo afirmar que he tenido una carrera extensa y laboriosa.

Yo nunca soy jurado de nada. No me gusta decidir sobre el trabajo de los demás. Lo he hecho dos veces con el Premio Planeta, porque creía que tenía esa obligación. Pero es algo que no me gusta, no soy un crítico.

La carrera de un escritor es larga. En verdad, no termina nunca. Una vez has escrito un libro y se publica, lo olvidas y empiezas con el siguiente. Escribir es un oficio que mejora con el paso de los años. El talento puede tener una importancia inicial, pero con el tiempo no es suficiente. Sólo de talento no vive un escritor.

Ser miembro de la Real Academia de la Lengua es un gran honor. Es una institución que vela por la expansión del español y, hoy en día, está muy viva y pujante. Aunque la tarea de los escritores no es hacer los diccionarios; eso es trabajo de los lexicógrafos y filólogos. Mi verdadera función en la Academia es la de creador, la de escritor.

El erotismo y el sentimiento no se pueden separar a la hora de escribir. Pero no mido el porcentaje de cada uno de ellos, no es una receta. Los hombres somos seres sexuados y, en consecuencia, nuestras vidas están llenas de erotismo y sentimiento.

Mi formación católica está bien visible en mis libros. Me considero cristiano, pero en estos momentos debo reconocer que me siento completamente fuera de lo que es la Iglesia Católica.

Un escritor no nace, se hace. Por muchas cualidades personales que uno tenga, si no se trabaja, no se llega a ser escritor. Todo el asunto en esta profesión es la construcción de uno mismo.

Tengo un blog sobre Obama que se llama The First Dog (apombo.blogspot.com), donde trato de recoger mis impresiones sobre tan particular presidencia. Estoy convencido de que en la Red hay muchas posibilidades expresivas para la gente, pero creo que los chat son una auténtica pérdida de tiempo.

Como escritor soy muy metódico. Trabajo a horas de oficina y burocráticamente. Si sacas un folio o dos a diario y trabajas 365 días al año, te salen más de 600. Quitas 300 y, aun así, te sale una novela. Siempre procuro escribir, con ganas o sin ellas.

Empecé muy joven, en el colegio. Tendría unos 12 ó 13 años. Aunque lo de publicar vino mucho más tarde, casi con 40. La primera vez que lo hice en España fue en el 77 con La Gaya Ciencia, la editorial de Rosa Regàs.

Yo he sido poeta antes que escritor. Para mí la poesía es lo mismo que la prosa, forma parte de un bloque completo que es el ir escribiendo. No hago una distinción muy especial entre una y otra.

Siempre escribo el libro que creo que tengo que escribir y trato de hacerlo de la mejor manera posible, con la misma energía y dedicación, trate de un tema u otro. Puedo decir que en todos los casos he escrito el mejor libro que sé hacer.

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Criticar por criticar o no

SOSPECHOSOS DEL ‘COPIA Y PEGA’

En este mundo “sin originales” en el que vivimos, los plagios son numerosos y parecen asumir el don de la ubicuidad. ¡Atención, atención, los auténticos hypes son las novelas históricas, las sagas y las historias de vampiros! ¿Quiere vender usted un libro, quizá una película? Nada mejor que se dedique a alguno de estos grandes asuntos, le aseguramos que venderá. No importa que se note que “copia”, “adapta” o se “inspira” más de la cuenta, sólo tiene que seguir los cánones establecidos por el mainstream: “una información liviana estructurada y problematizada como un saber académico” (pensamiento más que adecuado que cojo prestado de Homo Sampler, Eloy Fernández Porta y aplico a mi divagación particular). Por esa misma razón, y porque esto me enfada más de la cuenta, les copio y pego yo misma este interesante artículo sin necesidad de plagiar, pues cito la fuente y no me atribuyo méritos ajenos. Que lo disfruten. No tiene desperdicio.

Artículo extraído de 20minutos.es / Firmado por RAFA VIDIELLA. 10.11.2009

William R. Inge dijo que “la originalidad consiste en copiar sin que te cojan”. Quizá sea por eso que, en la literatura, abundan las acusaciones de plagio. Premios Nobel, superventas y leyendas de las letras han vivido dicho escarnio. El último, el peruano Alfredo Bryce Echenique.

Bryce Echenique ha sido acusado de ‘fusilar’ textos de 15 autores. El autor de Un mundo para Julius es, gracias a sus novelas, cuentos y crónicas, un afamado autor internacional. Pero, según el Indecopi (entidad peruana defensora de la propiedad intelectual), se ha dedicado estos años a copiar textos ajenos.

Artículos de Eulalia Solé, Sergi Pamiés y trece autores más fueron fusilados por el acusado. Bryce se ha defendido de varias formas, a cual menos convincente: acusando a los copiados de envidiosos, desacreditando al Indecopi e, incluso, echándole la culpa a su secretaria.

Por triplicado

El de Bryce, que tendrá que pagar casi veinte mil euros, es sólo un caso más. Lucía Etxebarría fue acusada por la revista Interviú de plagiar a Antonio Colinas en Estación de infierno (2001), y de repetir fragmentos de Nación Prozac de Elizabeth Wurtzel en Amor, curiosidad, Prozac y dudas (1997).

Etxebarría alegó sufrir un acoso mediático “tan traumático como una violación”, pero un juez dio la razón a Interviú. Años después, Jorge Castelló volvió a acusarla de plagiar Dependencia emocional y violencia doméstica en Ya no sufro por amor (2005), papeleta que Etxebarría solucionó con tres mil euros y alegando «errores de imprenta».

Lucía Etxebarría alegó “errores de imprenta”El ex director de la Biblioteca Nacional, Luis Racionero, también se vio enfangado por La Atenas de Pericles que publicó en 1993, que incluía párrafos completos de Gilbert Murray o Richard Livingstone sin citarles.

El periodista Ricardo Martínez de Rituerto le descubrió, y ambos tuvieron una sonada discusión radiofónica en la que el presunto plagiador apenas pudo justificarse, argumentando que utilizó “ideas de otros. Se llama intertextualidad: buscar lo que han dicho otros y contarlo. No vas a inventar. Lo hacemos todos”.

Esperando juicio

Si dirigir la Biblioteca Nacional no exime de sospechas, tampoco el Nobel libra de estos malos tragos. Camilo José Cela fue acusado por una escritora gallega, María del Carmen Formoso, de copiar su obra Carmen, Carmela, Carmiña en La Cruz de San Andrés (1995).

Cela, que ganó con esta novela el Premio Planeta, habría recibido de la editorial el original de Formoso, para que lo retocase y, por ende, se llevase el galardón. José Manuel Lara Bosch, consejero delegado de Planeta, y el propio Cela lo negaron en un proceso que, pasada  una década, aún espera juicio oral.

Valle Inclán “vivía inmmerso en la literatura… ajena”Ya en épocas anteriores otros ilustres literatos españoles también fueron acusados de plagio. De Valle Inclán (1866-1936), por ejemplo, se dijo que se inspiró demasiado en las letras ajenas en su Tirano Banderas o El Ruedo Ibérico, aunque defensores como Zamora Vicente le justifican asegurando que “vivía inmerso en la literatura… ajena, añadamos”.

También Leopoldo Alas Clarín recibió parecidas denuncias, como se acusaban de plagio, en medio de su floreada y poética guerra, los legendarios Quevedo y Góngora.

El repetidor de cosas

Injustificable resulta, en cambio, lo ocurrido con el psicólogo y escritor argentino Jorge Bucay, que en 2004 publicó su novela Shimriti. El éxito inicial se convirtió en escándalo al hacerse público que, de las 270 páginas de la obra, 60 eran calcadas a las de La sabiduría recobrada, de la española Mónica Cavallé.

De las 270 páginas, 60 eran calcadasCavallé no llevó el caso a los tribunales, conformándose con una carta de disculpa que Bucay publicó en Mente sana. En la epístola, el escritor explica que “un error absolutamente involuntario permitió que los textos de la profesora Mónica Cavallé fueran incluidos en Shimriti sin la correspondiente y merecida mención de su fuente”, y se excluye de culpa al considerarse un “repetidor de cosas. Aggiorno y modifico: no soy el gran pensador o sabio que se quiere hacer de mí”.

Poco tiempo después, otro escritor, Ramiro Calle, volvió a acusar a Bucay de haberle copiado sus cuentos, recopilados a lo largo de diversos viajes a la India.

Rencillas y premios Nobel

Parecidas a las de Góngora y Quevedo, las rencillas entre los chilenos Pablo de Rokha y Pablo Neruda terminaron salpicando la originalidad del segundo. En 1955, De Rokha publicó Neruda y yo, donde define al autor de Canto general como  “un sapo plagiario”. Neruda terminó reconociendo que, en uno de sus Veinte poemas de amor y una canción desesperada (más concretamente, en el XVI), parafraseaba a Rabindranath Tagore.

De Rockha definió a Pablo Neruda como “un sapo plagiario”Neruda no es el único Nobel latinoamericano cuestionado: García Márquez ha escuchado varias veces que Aureliano Buendía, uno de los personajes de Cien años de soledad (1967), tenía demasiado en común con un protagonista de La búsqueda del absoluto, de Balzac.

En las letras anglosajonas también abundan las sospechas. Dan Brown, que vio como un tribunal fallaba a su favor ante una demanda por El Código Da Vinci (inspirada, decían, en Sangre Santa, el Santo Grial, de Michael Baigent y Richad Leigh), se enfrenta cada cierto tiempo a ellas.

¿El precio del éxito? Eso pensará Stephen King, también llevado a juicio por Christine Starobin, que aseguraba que Blood Eternal inspiró la Desesperación del autor, que ganó el juicio.

Ian McEwan no llegó a los tribunales, pero diversas voces pusieron en duda la originalidad de Expiación, defendida en el acto por literatos como Kazuo Ishiguro, Thomas Pynchon o John Updike.

La polémica ha afectado hasta a presuntamente intocables como Mark Twain, T. S. Eliot o William ShakespeareNo tuvo tanta suerte el historiador estadounidense Stephen Ambrose que, en su último año de vida, 2002, afrontó hasta doce acusaciones por haber, se supone, copiado a otros tantos autores a lo largo de su carrera.

Alex Haley, autor de la célebre Raíces, tuvo que pagar más de medio millón de dólares por las coincidencias de su obra con la de Harold Courlander. Y varios ensayos del s. XVIII trataron de justificar que El paraíso perdido, de John Milton, era una obra maestra… robada a anteriores poetas.

La polémica ha afectado hasta a los presuntamente intocables Mark Twain, T. S. Eliot o William Shakespeare. ¿Todos ellos cometieron, en algún momento, plagio? “El artista inmaduro imita”, decía el crítico literario Lionel Trilling, “el artista maduro roba”.
Copias que dan el cante

En la música las denuncias por presunto plagio están a la orden del día. Coldplay se enfrentó, nada más sacar Viva la Vida or Death and All His Friends, a la acusación del grupo estadounidense Creaky Boards de haber plagiado su tema The Songs I didn’t Write, y el guitarrista Joe Satriani también acusó a la banda de Chris Martin de copiar su If I Could Fly.

La lista es muy larga: el ex Beatle George Harrison fue acusado de plagio por su éxito My Sweet Lord, presuntamente inspirado en un tema de The Chiffons; Michael Jackson estuvo a punto de tener que pagarle dos millones de dólares a Al Bano por adaptar, en su Will You Be There, el tema I cigni di Balaka, y Madonna tuvo que enfrentarse a parecidas denuncias por la autoría de Frozen, prohibida en Bélgica por su excesivo parecido a Ma vie fout le camp, de Salvatore Acquaviva.