Jordi Costa y The Office / De series / Capítulo 1

Me pierdo la primera sesión del Taller sobre Nueva ficción televisiva que imparte Jordi Costa sobre The Office. Afortunadamente, el propio Jordi me escribe un e-mail contándome un resumen de lo que han visto en clase.

Comparto aquí mi fortuna con ustedes:

Hola, Inma:
 
Pues intento resumirte, en la medida de lo posible, lo que fue la primera clase alrededor de “The Office”.
 
Comenzamos con una escena de “Annie Hall” de Woody Allen: el momento en que el personaje que encarna Allen (Alvy Singer) viaja a Los Ángeles y contempla el trabajo de su amigo Tony Roberts en el terreno de la telecomedia. Singer se escandaliza en el estudio de post-producción al ver cómo se insertan risas pregrabadas para dirigir la reacción del público. Singer somatiza el choque traumático ante ese modelo de comedia teledirigida que no deja lugar al espectador para decidir dónde tiene que reírse, ni la da opción a decidir si tiene que reírse o no.
 
A partir de esta idea, hablamos de cómo el formato de telecomedia tradicional llega a un registro totalmente codificado –una frase ingeniosa o gag verbal cada tres frases, risas enlatadas, estructuras cerradas, arquetipos, frases consignas- que se mantiene incluso en algunas de las propuestas más revolucionarias del formato –“Seinfeld” sería el ejemplo de serie que parece desear un nuevo salto evolutivo del formato, mientras que “Frasier” es una de las manifestaciones más depuradas y sofisticadas de su forma canónica, sin aparente ánimo ni deseo de ninguna transgresión-.


 
Cuando Ricky Gervais y Stephen Merchant propusieron el proyecto de “The Office” a la BBC, su línea editorial decía así:
 
“No incluyamos nada que pueda ser considerado como un chiste en toda regla, no tengamos frases emblema, no vistamos a nadie con pelucas graciosas ni le hagamos actuar de manera deliberadamente divertida, no tengamos una pista de sonido de risas enlatadas, dejemos que no sucede nada, hagamos que todos los personajes parezcan un poco aburridos, no hagamos nada realmente gracioso”
 
“La propuesta era algo así como el Anticristo de la comedia”, comentó el propio Gervais.
 
En realidad, estaban sentando las bases de lo que hoy podemos llamar post-humor: un modelo de comedia que no tiene en la consecución de la risa su primer objetivo. El post-humor prefiere explorar el espectáculo de la crueldad y la (auto) humillación, transmitir una sensación de vergüenza ajena, de incomodidad y sudor frío.
 
Gervais y Merchant levantan su registro sobre el modelo de mockumentary (falso documental) cómico de Christopher Guest (que vimos en la segunda clase). Su mirada es menos humanista y más cruel y desoladora, pero la atención al detalle y el gusto por la sutileza, las posibilidades del subtexto y el sobreentendido están ahí.
 
Un detalle importante: “The Office” no parodia el registro documental, sino que lo aprovecha con total seriedad. No hay escenas en que la comicidad se base en que el equipo documental irrumpe para revelar momentos vergonzantes de los personajes (nadie es sorprendido drogándose o follando), ni momentos en que se busque aprovechar la posible comicidad del proceso (micros que entran en plano, etc.) . En “The Office”, la excusa del documental establece una complicidad entre personajes y la cámara y juega con la imagen que cada personaje quiere dar de sí mismo.
 
Eso alcanza su máxima expresión en la figura de David Brent (Ricky Gervais):  es alguien obsesionado con su idea de sí mismo como hombre espectáculo. En todo momento es consciente de la imagen que quiere transmitir a la cámara, pero no se da cuenta de las fracturas que aparecen y revelan las dimensiones de su auto-engaño. Hay escenas en que, ante la cámara, Brent se desdobla hasta en tres versiones de sí mismo: el jefe-padre, el hombre-espectáculo, el cómplice viril de otras figuras de autoridad del entorno…
 
Hablamos también de cómo la comedia siempre acaba resolviéndose en el cuerpo del cómico y cómo eso resulta evidente desde el cine mudo:

  • En Charlot los gestos volatilizan fronteras de género y clase (gestos femeninos y aristocráticos en un vagabundo).
  • Keaton es el estoicismo del hombre común frente al caos del mundo.
  • Harold Lloyd es el individuo común capaz de transformarse en héroe/equilibrista sobre el campo de juegos del nuevo entorno urbano.
  • Fatty Arbuckle era el niño eterno.
  • Harry Langdon introduce la lentitud como seña de identidad expresiva en unos tiempos (los años 20) dominados por la idea de velocidad.

Si en Charlot la comicidad reside en cómo su figura se convierte en agente del caos al entrar en cualquier entorno, en la figura de David Brent la comicidad está en la fractura que hay entre la imagen que él tiene de sí mismo y cómo le vemos.


 
Vimos buena parte del primer episodio de la primera temporada: desde los créditos se establece un tono de comedia de la anodino, lo gris, lo insignificante. Comprobamos cómo ese primer episodio crea y establece todo el universo de la oficina –se caracteriza a los personajes, se establece la red de jerarquías y relaciones y se introducen las narrativas subterráneas: el recorte de personal y la relación Tim/Dawn.
 
También vimos buena parte del episodio de la segunda temporada sobre la idea del Día de la Comedia: acabamos con la escena del baila patético de David Brent como momento emblemático de las estrategias de la serie: los aplausos de quienes asisten al numerito se van apagando y, al final, sólo queda el patetismo de Brent en un momento de vergüenza ajena alargado hasta lo insoportable. Al final, el parlamento de Brent combina la hostilidad hacia sus subordinados con la obsesión por la cámara, que imanta su mirada.

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Jordi Costa y The Wire / De series / 2º capítulo

The Wire

Apuntes al natural tomados en el Taller de Jordi Costa sobre nueva ficción televisiva. Segundo capítulo (2ª clase) de The Wire perteneciente al serial 2.0 que me he propuesto hacer con cada una de las clases del susodicho.

BALTIMORE COMO EJE CENTRAL DE LA TRAMA

En un mismo Baltimore (localización sempiterna de la serie) pueden encontrarse dos ficciones diferentes: David Simon y Ed Burns (realidad ficcionada, pesimista) vs John Waters (gamberrada pintoresca, optimista).

No obstante, fue tras la emisión de The Wire (5 temporadas, 5 grandes temas-problema) cuando el Ayuntamiento de Baltimore se vio obligado a llevar a cabo una campaña de limpieza, criticando la imagen de ciudad conflictiva que se daba en la serie: la ciudad como ente enfermo se refleja en todos los estamentos de la sociedad (política, educación, prensa, proletariado…). Es más, en ella, lo más parecido a un héroe es McNulty (tiene otra visión, otra moral): un personaje disfuncional, un outsider que se define por cuatro espacios, a cada cual menos heroico:

  • oficina: comisaría.
  • barra de bar: siempre borracho.
  • portal (puerta de las casas de diferentes mujeres): súplica decadente de sexo afterhours.
  • descampado, intemperie: mantenimiento de la afición etílica. Sigue leyendo

La fama y la popularidad / Tiempo de reflexión

Tú antes molabas es la típica expresión (algo juvenil) que podríamos aplicar a mucha gente: popular, famosa o conocidilla en determinados ambientes. Antes, cuando todavía estos personajes estaban al comienzo de su popularidad y empezaban a despuntar, todas las cámaras, todos los medios, estaban ávidos de tenerles entre sus páginas, en sus programas, aparecían como actores sempiternos en cada serie de televisión o película que se realizara. Y no, no hablo sólo de los mass media, sino de los que van de indies, underground o post-modernos. Ellos también juegan a esto de la fama y la popularidad, aunque sea en una división o escala inferior. Pasan los años, pasan las modas y los otrora objetos de deseo se convierten en juguetes rotos incapaces de ubicar lo que fueron y lo que son.

Tú antes molabas también es una serie online creada y protagonizada por el humorista y guionista Antonio Castelo (Alicante, 1982). Con un registro de falso documental, es el heredero patrio (no tan perfecto, ni tan acabado) de la británica The Office. En ella, el gran tema es la decadencia de la fama y la popularidad a base de hacer humor de la sordidez (David Brent en The Office, una vez despedido).

Reflexionen ustedes mismos viendo uno de sus capítulos o piensen en cualquiera de los triunfitos o gran hermanos y sus trayectorias “profesionales” (véase Aída Nízar o cualquier otro cuyo nombre ni recuerdo, ni quiero recordar). Qué pena, penita, pena…

 

OTRAS SERIES PARA LA REFLEXIÓN SOBRE LA FAMA Y LA POPULARIDAD


CURB YOUR ENTHUSIASM
(Larry David)


EXTRAS
(Ricky Gervais)


¿QUÉ FUE DE JORGE SANZ?
(David Trueba)


Tan brutales y dolorosas como la vida misma.

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Jordi Costa y Lost / De series / Último capítulo

lost-815

Despierten. Son las 8.15 horas de la mañana. El vuelo 815 de Oceanic Airlines está apunto de despegar. Durante el trayecto, podrán disfrutar del último capítulo de la temporada de Lost. Por supuesto, entiéndanme, en el Taller de nueva ficción televisiva que está impartiendo Jordi Costa y que yo emito a modo de serial 2.0.

Para su comodidad, les recomendamos que mantengan el cinturón abrochado durante todo el vuelo. Por favor, lean las instrucciones de seguridad que encontrarán en frente de sus asientos. En el caso de una pérdida de presión en cabina durante el vuelo

Lost, 5 años en 8 minutos y 15 segundos. Fuente: Todoseries.com

CON QUÉ JUEGA LOST

  • con la idea de realidad como simulacro. Es difícil distinguir dónde empieza la realidad y dónde la ficción.
  • con nosotros como espectadores, con nuestras expectativas. Nos obliga a interpretar constantemente con el único objetivo de mantenernos entretenidos buscando la pata de conejo.
  • con el concepto de dejà vu.
  • con la estrategia del desconcierto, aunque manteniendo una constante dentro de su lógica.
  • con escenas que son espejos de otras.
  • con la inestabilidad de los roles y la moral: ahora bueno, ahora malo. Mañana, tal vez, regulero.
  • con el devenir lógico del tiempo: pasado, presente y futuro se entremezclan en la trama.
  • con la posibilidad de la bilocación.
  • con posibles dinámicas de redención en un purgatorio simbólico (la isla).
  • con nuestros referentes filosóficos. No en vano muchos de sus personajes remiten a filósofos tan conocidos como Hume (Desmond), Rousseau (Danielle), Locke (John), etc.

La filosofía de Lost-libro

HEREDEROS DE LOST

Tal y como afirma el Sr. Costa, los descendientes de Lost, no son sino imitaciones descafeinadas. Hablamos de Héroes (¿un spin-off de Lost?) y Flashforward (¿una serie creada por el propio J. J. Abrams en la sombra?).

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Imagen: Flashforward

CURIOSIDADES DE LA HIBRIDACIÓN DE LOST CON OTROS MEDIOS

The Lost Experience, un juego de realidad alternativa diseñado por los guionistas y productores de Lost para atrapar fans y expandir la trama (Lostpedia).

Oceanic Airlines, la compañía real del vuelo 815 de Lost.

Drive Shaft, el grupo de música de Charlie Pace, el yonqui de Lost, tiene página web.

Y es que como afirma el propio J. J. Abrams, Internet ha cambiado la forma de hacer televisión. Ahora las fronteras se rompen y se entremezclan, lo que facilita un juego (el del autor con nosotros como espectadores) más entretenido.

LIBROS HÍBRIDOS ENTRE REALIDAD Y FICCIÓN

Matadero 5, Kurt Vonnegut.

Los muertos, Jorge Carrión.

El fondo del cielo, Rodrigo Fresán.

Turismo interior, Marcos Ordóñez. Libro que he comprado y estoy leyendo con avidez.

Hervir un oso, Jonathan Millán y Miguel Noguera.

OTROS LIBROS

WatchmenAlan Moore. Vale, esto es un cómic, pero aceptamos pulpo (Paul) como animal doméstico y bola de cristal para la selección española.

La filosofía de Lost, Sharon M. Kaye. Aviso para navegantes: no es un libro de autoayuda, sino una compilación de ensayos sobre filosofía tomando como punto de partida la serie Lost.

P.D.:


* Las próximas tres entregas estarán dedicadas a The Wire. Ya saben, un mes, una serie, tres entregas.

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Otro final es posible / Terra incógnita

Con “otro final es posible” no me refiero a los títulos de crédito (vayamos un poco menos allá), sino al final de las películas y series que sus autores tan pacientemente elaboran y nosotros, como futuros espectadores, impacientemente esperamos.

El problema surge cuando raudos y veloces asistimos a las salas de cine o al sofá de nuestro dulce hogar para ver la película o serie objeto de deseo (vale, exagero un poco) y su final nos arrastra a la decepción más absoluta (vuelvo a exagerar, no puedo evitarlo)

¿Qué hacer ante semejante sacrilegio? Pues, bien, hay gente que ya ha pensado en ello y nos ofrece finales alternativos. Eso sí, no esperen nada serio, más bien es todo pura parodia condensada en 2 ó 3 minutos a modo de corto animado.

Y es que los fans, como sabemos, se apropian de los textos, los hacen suyos. Véase, Henry Jenkins.

¿Te has planteado cuál sería el final correcto para The Social Network?


¿Con qué nos sorprenderá el alter ego del incombustible e irreverente Borat?

Más finales en How it should have ended

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Jordi Costa y Lost / De series

Lost, la última cenaImagen: Bob D’Amico/ABC

Las series están de moda desde hace ya algún tiempo, las series crean adicción y revientan taquillas por doquier: la gente, al menos los más jóvenes, prefiere ver un capítulo breve (o uno tras otro en su propio sofá o en el de sus amigos) que un largometraje en las incómodas, impersonales, opresivas y abarrotadas salas de cine.

En este sentido, me parece de lo más acertado y oportuno (de oportunidad, no de oportunismo) el taller que ha dado comienzo recientemente en la Escuela de Escritores de Madrid: La nueva ficción televisiva, un taller dirigido por un profesor de excepción, Jordi Costa, un taller al que una servidora está asistiendo.

Para no joderle el business (la mayoría nos ganamos el pan con el sudor de nuestra frente), no voy a contarlo todo, no sería ético, pero sí contaré, cada miércoles, lo más llamativo que haya visto u oído durante las 2 horas que dura el invento de cada sábado. Sigue leyendo

Truman Capote

Retomo mi blog con fuerza y furia destinadas a romper las cuerdas que oprimen mi tiempo y mi oxígeno. Y es que no me da la vida. Pero quiero más, más tiempo, más vida, más viajes y menos deudas. Ahora me conformo con leer diez páginas de un libro o dos de una revista, o ver una peli o un capítulo de Lost o In Treatment a las dos de la mañana. Como dice Capote, “Toda vida humana tiene sus estaciones… El invierno no dura siempre”. Confiemos en que pase pronto. Y sí, estoy leyendo la biografía de Truman Capote, escrita por Gerald Clarke, que con afimarciones como ésta me han sometido al influjo Capote. O como ésta otra: “Como gran vendedor, era su mejor cliente y su capacidad para engañarse a sí mismo lindaba con lo patológico”. Una afirmación aplicable a muchos. Vale, hay que venderse, eso está claro. Vales más por lo que pareces que por lo que eres. Así de simples o complejos somos. Quién sabe. Pero NO me gusta.