Domingo de remember_Fernando Arrabal

ENTREVISTA A FERNANDO ARRABAL

Imagen: www.arrabal.org

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Realizada en febrero de 2008
Publicada (en modo resumido) en la revista ESQUIRE en octubre de 2008

* Como siempre, comentarles que la revista Esquire, en su sección En esto creo, no publica las preguntas del periodista, sólo las respuestas del entrevistado. Así pues, les dejo las declaraciones que Arrabal hizo para Esquire.

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FERNANDO ARRABAL

Escritor, iconoclasta, patafísico…

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Si el niño que fui me viera ahora es posible que pensara (más que dijera): “Qué buenas migas haría este señor tan mayor ya conmigo y con la mujer que le enseñó a leer, escribir y amar”. O que, horrorizado por la imposibilidad de revivir, se inventara uno de sus dichos, que aún no se conocían por  “arrabalesco”: “Nunca segundos viernes fueron jueves”.

El mayor logro de mi vida, obviamente, estaría por venir… “Si Pan quiere”. ¿El mayor fracaso? Lo fraguo caso por caso. Y también: ¿estaría por venir?

Me arrepiento de muchas cosas. Por ejemplo, de no haber abrazado las matemáticas cuando me lo recomendó el tribunal de mi primer premio a los diez años (el de “primer superdotado de España”). Y luego de haberme dedicado, quizás demasiado, a la ciencia.

Si existiera la felicidad, ¿hay mejor calidad para alcanzarla que la generosidad? La santidad civil y pagana es mi sueño por ahora, desgraciadamente, inalcanzable.

Mi mayor miedo es el de morir sin estar rodeado por quienes quiero.

Nada justifica la mentira. Es una componenda inútil con la ira centrípeta de uno mismo.

Me identifico con el Atila enamorado del final de su vida, el Stalin adolescente y  fervoroso seminarista de Tiflis, el místico (y secretario secreto de Sartre hasta su muerte) Bennie Lévy deslumbrado por la trascendencia y la niña Teresa de Ávila cuando quiso desterrarse.

Me hubiera gustado vivir el big-bang. Aunque me parezca tan difícil vivir fuera de la época actual.

Admiro a mi padre (mártir y santo), a Topor, Marcel Duchamp y Beckett (q.e.p.d.). Todos los días que pasan añoro sus presencias. Y hoy a Lis, Kundera, Lélia, Houellebecq, Samuel, Louise Bourgeois y un etcétera gigantesco.

Si tuviera poder ilimitado, lo limitaría, por lo menos.

Si me preguntan quién me hubiera gustado ser, les diría modestamente, Fernando Arrabal. Soy una “instalación” que representa como ninguna (pero únicamente para mí) el ser aquí y hoy.

La obra de arte que considero fundamental e imprescindible, al menos para mí, es obviamente la mía.

Me gustaría morir durmiendo. Pero en paz con todo y con todos.

¿El poder tiene sexo? ¿El sexo poder? ¡Joder! ¡Qué lata! ¿‘Quousque tandem’? ¿Cree que no nos hacen sufrir suficientemente estos groseros mellizos?

Desgraciadamente creo que siempre he vagado en el exterior o en el margen de la extravagancia. Pero, como el personaje de mi novela “Como un paraíso de locos”, espero llegar a ser como todos.

Si tuviera que mencionar una comida, sería el plato que hicieron para mí las personas que dijeron que me querían en mi primera infancia.

Como a Wittgenstein el artículo de su muerte o al Creador el vehículo del “tohu bohu” (alias “big bang”), al ser humano la confusión tanto le arrebata con arrobo (incluso en el arrabal) que no le crea obligaciones. O, si se las crea, son tan divertidas e inteligentes que pasan inadvertidas. El cíclope ciego se distingue mal del tuerto.

Me pregunta si hay un alegato político en mi obra y yo respondo: me sorprendió la acogida de mi “Carta a Franco” en vida del dictador. La Bolsa: catedral e iglú que celebra el milagro de hacer del dinero dinero. Las poluciones nocturnas del  nuevo rico al despertarse: ¿son cubitos de hielo entre las sábanas?

No parece que se puedan establecer vasos comunicantes (con visos de comunión) entre mi diccionario pánico y el de las academias sin que perdamos nuestras identidades al alimón. Que un camello pase por el ojo de una aguja es menos infrecuente que encontrar al camellero que trató de hacerlo.

¿Es pánico todo lo que reluce? El hombre pánico (e incluso su pene) observa con pena el eterno triunfo de la confusión. En el Colegio de Patafísica se define al omnipresente universo de las excepciones. El filistino busca un espejo que le cambie su conformista faz por una cara patafísica o pánica. ¿Que sólo puede ser dura?

¿Por qué hay quien sólo conoce de mí la “borrachera patafisica” de la famosa tertulia con Sánchez Dragó? Habría que consultar a las pitonisas de la confusión o a los simpáticos neo-comisarios de hoy. Éstos, con  los cirujano-barberos de la época de Cervantes, supongo que responderían: “Gracias a un reloj de sol (y de pulsera) cada instante señalaría la hora que más nos apeteciera”. Qué hermosura contemplar cómo la mayoría de los ex-censores hacen carrera como campeones de la simpatía. Incluso los hubo de Fuerza Nueva que se alistaron a formaciones revolucionarias armadas. Las sabandijas, cuando enferman, no se meten en la cama.

“In vino veritas”, pensó uno de los tres hijos de Noé. Hasta aquella fecha, la de la famosa tertulia, no bebía y aquella noche me tragué un vaso de chinchón creyendo que era agua. Tardé años en apreciar el vino; me sabía a vinagre. Aún hoy echo azúcar en el champán y, sobre todo, en el “Dom Perignon”. No me agrada en absoluto, pero las leyendas pueden sentar plaza de verdades, como observó Gracián. Aunque los mitos son mentiras que dicen la verdad. El elefante tuvo que cortarse la trompa: su rabito sentía celos de ella.

La provocación es infantil, centrípeta y aleatoria. Creo que se puede confundir provocación y humor.

La provocación fue la coartada que se inventaron las lumbreras del Ministerio de Información y Turismo de hace cuarenta años. Con ella trataban de justificar que el dramaturgo más representado en el mundo fuera entonces prohibido en España. Cosas más peregrinas se oyeron… y se oirán. Los antropófagos diabéticos no comen fabricantes de azucarillos. Un simpático nuevo mando de la democracia (que en su día tuvo la sensatez de proteger sus manos, brazo en alto) pretendió que sus neo-ex-colegas me “pasaran factura por haber escrito mi carta pública a Franco en vida del general”. Cuando se ha vivido en el Purgatorio, se puede afrontar el aburrimiento del Limbo.

El hecho de que el antiguo régimen prohibiese mi obra es, mirado desde la distancia, un gran honor, el único que podía otorgarme “sin mancillarme”, como se decía entonces.

El dios Pan tiene dos caras: la risa y el miedo. Pan significa todo. No queremos una moral en singular, ni exclusiones intervencionistas. Todos pueden decirse pánico. Jodorowsky, Topor y yo no somos una secta. Somos, creo, el primer grupo de artistas que aborda la ciencia, la confusión y el azar.

Todo lo que yo pueda decir de la sorprendente actualidad del movimiento Pánico tendría aún menos trascendencia que lo que opinó el ministro Ucelay de Picasso en 1937. Que los rinocerontes canten es de por sí bastante molesto, pero lo insoportable es que vuelen. En el grupo surrealista tan sólo estuve (pero con presencia diaria) tres años. Políticamente, el grupo era entonces (como lo fue siempre) el ala cultural del partido comunista trotskista; artísticamente, lo formaba el corro de  rebeldes más espeluznante y genial de aquel  momento. Conocí a un surrealista sin complejo alguno, se llamaba Adán y se hacía pasar por el gorila del Paraíso.

Las golondrinas melillenses  y los cóndores peruanos ignoran la manía demente de ir siempre en línea recta. Vivimos tiempos de miopía en que matar por placer parece peor que hacerlo por ideal. Los titanes y sus aterrorizantes bicharracos llamados “quimeras” están aún presentes con los Prometeos del hombre nuevo. Todos podemos teorizar sobre la parte más maldita de los terráqueos, porque todos formamos parte de la maldición.

Creo que no habrá tigres de Bengala, ni capitalismo, ni comunismo ni Bolsa en un porvenir no muy lejano.

Abofeteé a un presentador francés por tratar irrespetuosamente a Cervantes, quien tenía demasiado humor como para no apreciar mi reacción. Es admirable por ser tan paradójico y ambiguo. Recuerden la réplica de Sancho: “ni quito ni pongo rey, sino que me sirvo a mí que soy mi señor”.

El porcentaje de jóvenes compañías (o de “teatros consagrados”) que da importancia a mis obras, hasta el punto de representarlas, es semejante actualmente en Nueva York y en las antípodas. Las piezas elegidas (y las desechadas) son las mismas. Conviene alcanzar la irrealidad desde la mayor concreción. Si existiera una escrupulosa equidad la familia del presidente americano tendría orejas negras. Sorprende que mi “circunstancia”,  familiar sólo para mí, pueda serlo igualmente para un joven director de Sydney o de Tel Aviv.

Tras los  tiempos de penitencias obscurantistas, ¿atravesamos los senderos de las mistificaciones luminosas? Me acostumbré durante decenas de años  a la hostilidad casi paranoica del antiguo régimen y a la obstinación de su censura (ver punto 1 al final de las declaraciones). No consigue alterarme el que, aún hoy, según me dicen (¿pero es cierto?), un sector (sin significación y en agonía) actúe parecidamente. Si dos puerco-espines se cruzan tiene prioridad el de más espinas.

¡Cómo nos gustaría a todos ver la luna bocabajo! El Teatro Real de Madrid que va a estrenar mi última ópera (con la dirección de “Els Comediants”) fue inaugurado en 1850. Y hay teatros, como la “Comédie Française” y otros teatros nacionales europeos, en los que se puede representar mi obra actualmente de la forma más sorprendente e incluso arriesgada. Como en su día mi “Emperador… de Asiria” con el inolvidable Sir Laurence Olivier. Sistemáticamente, la rueda fortuna no da el triunfo a los mejores, sino a los más conocidos. Mi teatro no se publicó hasta 1977, antes en japonés o griego que en mi lengua materna, por orden de las autoridades. La sarna inteligente prefiere los toros colorados.

No soy emigrante, sino desterrado, puesto que más que de raíces dispongo de piernas. Las cebras más “modernas” han creado una ONG para exigir que sus rayas sean horizontales.

Injustamente, se habla menos de los miles de miembros que hoy forman el Colegio de Patafisica que de los cinco trascendentes sátrapas aún en vida (Umberto Eco, Barry Flanagan, Dario Fo, Edoardo Sanguineti y yo mismo). Desgraciadamente acaba de ocultarse (fallecer, “vulgaris”) Baudrillard. Y años antes mis irremplazables Marcel Duchamp, Max Ernest, Ionesco y Man Ray.

La confusa complejidad actual hace que los problemas cambien de naturaleza para que las “soluciones” parezcan racionales. Menos los adivinos, todos pueden prever el porvenir.

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(1): Un año después de la muerte de Franco cinco españoles teníamos aún vetada nuestra vuelta a España  por “muy peligrosos”: Líster, Carrillo, Pasionaria, “El campesino” y yo.  Me pareció injurioso que se incluyera mi nombre junto al de cuatro ex-estalinistas con las manos manchadas de sangre  y a quienes en aquel instante les deslumbraban los palacios y la gestión del tirano de Rumania.

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Otra radio es posible_Besos_1/2

MALDITO DUENDE RADIO

Radio Círculo (100.4 FM)

jueves 19:00 – 20:00 / repetimos el domingo 13:00 – 14:00

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Maldito Duende es el programa de la revista El Duende. Música, palabra y creaciones sonoras se unen para ahondar en las relaciones causales, casuales y circunstanciales. Maldito Duende es radio temática de vanguardia que parte de la esencia de esta revista para seducir los oídos del oyente. Una adaptación, una reinvención, un complemento, una vuelta de tuerca con entidad y vida propias. Maldito Duende se sirve de las temáticas propuestas cada mes en la revista para articular sus programas semanales de forma creativa y desde los más variados enfoques.

Dirección: Mónica Caballero
Colaboran: Inma Flor y Neiro Nairo

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EL 15.10.09 AGITAMOS LA OXITOCINA CON UN PROGRAMA LLENO DE BESOS HÚMEDOS, SONOROS, CASTOS, DE TRAICIÓN Y DE BIENVENIDA…

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BANDA SONORA

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The Maccabbees / Toothpaste Kisses

Yoko Ono with Peaches / Kiss Kiss Kiss

Prince / Kiss

Russian Red / Kiss my Elbow

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CONTENIDOS

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De cara / Portada / Robert G. Bartholot

Sístole-Diástole / Editorial / El cementerio de besos / Rubén Arribas

Anecdotario / Tiana y el sapo (cine)

Biombo / Entrevista / Andrés Barba

Primer plano / Psicología de un beso (extracto) / José Luis Baringo

Al final de la escalera / Crítica de cine / Mapa de los sonidos de Tokio / Isabel Coixet

Caja de música / Biografía sonora / Zoé / Luna

Quirófano / Agenda / Carrots (concierto) + 87 Grillos_Carmen Werner (danza) + Óscar Niemeyer (exposición) + La inutilidad del beso de Javier Puebla (libro)

Personaje maldito / Biografía maldita / El Conde Drácula

Texto de Despedida / El beso no besado (extracto) / Javier Montes

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Crónica blanca y Sánchez Dragó

Crónica blanca
Comentarles que por fin conseguí ver en vivo y en directo el trabajo de Llorenç Barber, el maestro campanero de origen valenciano. El teatro de La Abadía abrió sus puertas durante La noche en blanco para ofrecer un gran, aunque minimal, espectáculo. Apenas 10 campanas (no, no imaginen campanas tipo iglesia) suspendidas del techo con la ayuda de cuerdas, separadas las unas de las otras, se muestran en primer plano. Justo detrás, a una distancia prudente, lo que asemeja ser una estantería guarda-campanas.

Durante unos veinte minutos, aproximadamente, todo se muestra como un juego de luces y sombras de campanas y cuerdas que se proyectan en las paredes del teatro. No hay estridencias, sólo energía y repiqueteo de campanas. A veces, unos platillos rozan el suelo de la mano del maestro; otras, las campanas sobrevuelan las cabezas de las primeras filas del teatro. El aire, todo el espacio allí “enmarcado”, parece fluir en modo budista.

Sólo unos ignorantes que se creen, como Sánchez Dragó (vean su recién estrenado programa, Dragolandia, si aún lo dudan), los más listos de la tribu, comentan entre risas que ellos podrían haber hecho lo mismo en su casa, que “vaya tomadura de pelo”…

El arte, ese gran desconocido, provoca con mayor frecuencia de la deseada este tipo de reacciones. Mi cautela y mi ignorancia respecto al arte, por qué no decirlo, me lleva a poder afirmar que algo me gusta o no, pero me resulta imposible atestiguar si algo es bueno o malo. No soy experta en la materia. Sólo una gran aficionada. Muchos deberían asumir esto.

Sánchez Dragó y su Dragolandia
¿Qué les puedo decir? Me encantó ver a Mercedes Milá (icono de la televisión “basura” y poco santa de mi devoción, la verdad) vapulear con razones, más que con verbo, al gallito más listo de la corrala o eso cree él: Sánchez Dragó.

Ella fue la primera invitada en su, como comentaba, recién estrenado programa, Dragolandia (el ego de este buen hombre es cada día más inconmensurable). Un programa que arremetió durante sus primeros cinco minutos de vida contra la televisión como opio del pueblo y herramienta generadora de incultura (cosa con la que no estoy de acuerdo, la televisión en sí misma no es más que un medio a través del cual se comunica algo. De nosotros depende qué se comunique). Pues bien, dicho lo cual, ¿no es incoherente invitar a la Milá? Pues así lo vio ella e incluso afirmó que si lo llega a saber no acepta la invitación. ¡Con dos cojones! Me levanté del sofá y aplaudí enérgicamente a una mujer capaz de decir algo así.

Dragó perdía fuelle y razones por momentos, y su hija (sí, su hija forma parte del equipo, aunque no sepamos todavía el por qué de su presencia, salvo si es debida a su relación paterno-filial), llamándole constantemente “padre” le hizo flaco favor durante las pocas veces que intervino. En fin, un disparate que espero retiren de la parrilla televisiva de Telemadrid lo antes posible.

Como saben,
Dragó no tiene abuela, sólo dos gatos, a los que dice admirar, y a los que ilógicamente encierra durante la emisión de su programa bajo la mesa que le sirve de atrezo como si fueran monos de feria. Huy, me acabo de perder, no entiendo nada. Igual soy uno de esos ciudad-asnos a los que alude el “sabio”.

El Teatro Romano

El castillo de Sagunto (Valencia) fue declarado Monumento Nacional en 1931, pero parece que fue construido en el S. I d.c. (si me equivoco con las fechas, que alguien me lo diga y lo cambio). Debido a la especial degradación de su teatro (declarado Monumento Nacional en 1896), fue sometido a un proceso de restauración y rehabilitación “especial”, que levantó más ampollas que unos zapatos de una talla menor a la debida. Sin duda, los arquitectos encargados de tal proceso, Giorgio Grass y Manuel Portac, se llenaron de gloria. Lo más patético del asunto podría haber sido el resultado obtenido, ya que aunque facilitaba la realización de espectáculos varios (Sagunt a escena), poco recordaba a sus orígenes (vean la foto).

Lo patético, continúo, es que según anunció El Mundo (y me informó mi amigo Alberto en la famosa cena de las cucarachas) hace apenas unos días, “La Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo ha confirmado el plazo de dieciocho meses para que se ejecuten las obras de reversión del Teatro Romano de Sagunto dictadas en la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana (TSJCV) de abril de 2003. (…) Según dictaminó el auto del TSJCV de 2003, las obras consistirán en el levantamiento de las placas de mármol que se superponen a la anterior piedra de la cávea (gradas) del Teatro Romano de Sagunto, y en la demolición del muro de cierre de la escena hasta una altura de 1,20 metros, y la encargada de estas tareas será la Generalitat”. Y yo me pregunto, si cuando retiras una tirita te llevas detrás algún pelo e incluso alguna pielecilla, ¿retirar las placas de marmol no será llevarse detrás parte de ese Monumento Histórico? Ay, amigo, igual están más espabilados de lo que parecen y lo que quieren es revender los restos como si fueran parte del césped del Bernabeu. La reventa es lo que tiene.

Y es que no podemos obviar lo crítpico del arte. Tampoco debemos negar que la restauración fue más que comtemporánea (bochornosa) y, por lo tanto, se somete a los mismos formalismos post-modernos que Antoni Muntadas (padre del net.art español). A partir de aquí, por favor, si alguien ha entendido algo (sobre todo tú, Cristina) que me lo explique mandando un sms al 5465 y entrará en el sorteo de un BMW de alta gama.

P.D: otro día hablaremos sobre la independencia porteña