Jordi Costa y Lost / De series / Último capítulo

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Despierten. Son las 8.15 horas de la mañana. El vuelo 815 de Oceanic Airlines está apunto de despegar. Durante el trayecto, podrán disfrutar del último capítulo de la temporada de Lost. Por supuesto, entiéndanme, en el Taller de nueva ficción televisiva que está impartiendo Jordi Costa y que yo emito a modo de serial 2.0.

Para su comodidad, les recomendamos que mantengan el cinturón abrochado durante todo el vuelo. Por favor, lean las instrucciones de seguridad que encontrarán en frente de sus asientos. En el caso de una pérdida de presión en cabina durante el vuelo

Lost, 5 años en 8 minutos y 15 segundos. Fuente: Todoseries.com

CON QUÉ JUEGA LOST

  • con la idea de realidad como simulacro. Es difícil distinguir dónde empieza la realidad y dónde la ficción.
  • con nosotros como espectadores, con nuestras expectativas. Nos obliga a interpretar constantemente con el único objetivo de mantenernos entretenidos buscando la pata de conejo.
  • con el concepto de dejà vu.
  • con la estrategia del desconcierto, aunque manteniendo una constante dentro de su lógica.
  • con escenas que son espejos de otras.
  • con la inestabilidad de los roles y la moral: ahora bueno, ahora malo. Mañana, tal vez, regulero.
  • con el devenir lógico del tiempo: pasado, presente y futuro se entremezclan en la trama.
  • con la posibilidad de la bilocación.
  • con posibles dinámicas de redención en un purgatorio simbólico (la isla).
  • con nuestros referentes filosóficos. No en vano muchos de sus personajes remiten a filósofos tan conocidos como Hume (Desmond), Rousseau (Danielle), Locke (John), etc.

La filosofía de Lost-libro

HEREDEROS DE LOST

Tal y como afirma el Sr. Costa, los descendientes de Lost, no son sino imitaciones descafeinadas. Hablamos de Héroes (¿un spin-off de Lost?) y Flashforward (¿una serie creada por el propio J. J. Abrams en la sombra?).

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Imagen: Flashforward

CURIOSIDADES DE LA HIBRIDACIÓN DE LOST CON OTROS MEDIOS

The Lost Experience, un juego de realidad alternativa diseñado por los guionistas y productores de Lost para atrapar fans y expandir la trama (Lostpedia).

Oceanic Airlines, la compañía real del vuelo 815 de Lost.

Drive Shaft, el grupo de música de Charlie Pace, el yonqui de Lost, tiene página web.

Y es que como afirma el propio J. J. Abrams, Internet ha cambiado la forma de hacer televisión. Ahora las fronteras se rompen y se entremezclan, lo que facilita un juego (el del autor con nosotros como espectadores) más entretenido.

LIBROS HÍBRIDOS ENTRE REALIDAD Y FICCIÓN

Matadero 5, Kurt Vonnegut.

Los muertos, Jorge Carrión.

El fondo del cielo, Rodrigo Fresán.

Turismo interior, Marcos Ordóñez. Libro que he comprado y estoy leyendo con avidez.

Hervir un oso, Jonathan Millán y Miguel Noguera.

OTROS LIBROS

WatchmenAlan Moore. Vale, esto es un cómic, pero aceptamos pulpo (Paul) como animal doméstico y bola de cristal para la selección española.

La filosofía de Lost, Sharon M. Kaye. Aviso para navegantes: no es un libro de autoayuda, sino una compilación de ensayos sobre filosofía tomando como punto de partida la serie Lost.

P.D.:


* Las próximas tres entregas estarán dedicadas a The Wire. Ya saben, un mes, una serie, tres entregas.

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Jordi Costa y Lost / De series

Lost, la última cenaImagen: Bob D’Amico/ABC

Las series están de moda desde hace ya algún tiempo, las series crean adicción y revientan taquillas por doquier: la gente, al menos los más jóvenes, prefiere ver un capítulo breve (o uno tras otro en su propio sofá o en el de sus amigos) que un largometraje en las incómodas, impersonales, opresivas y abarrotadas salas de cine.

En este sentido, me parece de lo más acertado y oportuno (de oportunidad, no de oportunismo) el taller que ha dado comienzo recientemente en la Escuela de Escritores de Madrid: La nueva ficción televisiva, un taller dirigido por un profesor de excepción, Jordi Costa, un taller al que una servidora está asistiendo.

Para no joderle el business (la mayoría nos ganamos el pan con el sudor de nuestra frente), no voy a contarlo todo, no sería ético, pero sí contaré, cada miércoles, lo más llamativo que haya visto u oído durante las 2 horas que dura el invento de cada sábado. Sigue leyendo

Crónica blanca y Sánchez Dragó

Crónica blanca
Comentarles que por fin conseguí ver en vivo y en directo el trabajo de Llorenç Barber, el maestro campanero de origen valenciano. El teatro de La Abadía abrió sus puertas durante La noche en blanco para ofrecer un gran, aunque minimal, espectáculo. Apenas 10 campanas (no, no imaginen campanas tipo iglesia) suspendidas del techo con la ayuda de cuerdas, separadas las unas de las otras, se muestran en primer plano. Justo detrás, a una distancia prudente, lo que asemeja ser una estantería guarda-campanas.

Durante unos veinte minutos, aproximadamente, todo se muestra como un juego de luces y sombras de campanas y cuerdas que se proyectan en las paredes del teatro. No hay estridencias, sólo energía y repiqueteo de campanas. A veces, unos platillos rozan el suelo de la mano del maestro; otras, las campanas sobrevuelan las cabezas de las primeras filas del teatro. El aire, todo el espacio allí “enmarcado”, parece fluir en modo budista.

Sólo unos ignorantes que se creen, como Sánchez Dragó (vean su recién estrenado programa, Dragolandia, si aún lo dudan), los más listos de la tribu, comentan entre risas que ellos podrían haber hecho lo mismo en su casa, que “vaya tomadura de pelo”…

El arte, ese gran desconocido, provoca con mayor frecuencia de la deseada este tipo de reacciones. Mi cautela y mi ignorancia respecto al arte, por qué no decirlo, me lleva a poder afirmar que algo me gusta o no, pero me resulta imposible atestiguar si algo es bueno o malo. No soy experta en la materia. Sólo una gran aficionada. Muchos deberían asumir esto.

Sánchez Dragó y su Dragolandia
¿Qué les puedo decir? Me encantó ver a Mercedes Milá (icono de la televisión “basura” y poco santa de mi devoción, la verdad) vapulear con razones, más que con verbo, al gallito más listo de la corrala o eso cree él: Sánchez Dragó.

Ella fue la primera invitada en su, como comentaba, recién estrenado programa, Dragolandia (el ego de este buen hombre es cada día más inconmensurable). Un programa que arremetió durante sus primeros cinco minutos de vida contra la televisión como opio del pueblo y herramienta generadora de incultura (cosa con la que no estoy de acuerdo, la televisión en sí misma no es más que un medio a través del cual se comunica algo. De nosotros depende qué se comunique). Pues bien, dicho lo cual, ¿no es incoherente invitar a la Milá? Pues así lo vio ella e incluso afirmó que si lo llega a saber no acepta la invitación. ¡Con dos cojones! Me levanté del sofá y aplaudí enérgicamente a una mujer capaz de decir algo así.

Dragó perdía fuelle y razones por momentos, y su hija (sí, su hija forma parte del equipo, aunque no sepamos todavía el por qué de su presencia, salvo si es debida a su relación paterno-filial), llamándole constantemente “padre” le hizo flaco favor durante las pocas veces que intervino. En fin, un disparate que espero retiren de la parrilla televisiva de Telemadrid lo antes posible.

Como saben,
Dragó no tiene abuela, sólo dos gatos, a los que dice admirar, y a los que ilógicamente encierra durante la emisión de su programa bajo la mesa que le sirve de atrezo como si fueran monos de feria. Huy, me acabo de perder, no entiendo nada. Igual soy uno de esos ciudad-asnos a los que alude el “sabio”.

Mi televisivo Berto

Durante la última cena de los pijamas, un par de amigas me sorprendieron con la siguiente afirmación: “¿Quién es ese Berto del que tanto habláis?” Dios (por decir algo que suene a exclamación), me dije, es imposible, no conocen al “sobrino” de Buenafuente!!!! Una suerte (sí, me gusta utilizar esta expresión y sí, me la copié de mi amiga Cristina) de agudo y sarcástico gafas de pasta que tiene su sección en el programa del humorista catalán y me hace reír a mandíbula partida todas las noches en La Sexta (un poco de publi no les vendrá mal). En fin, que para quienes no le conozcan y como no tengo tiempo de escribir mucho más, ahí les dejo un vídeo para su uso y disfrute. Al principio, puede que no pillen su indolente sentido del humor, pero les aseguro que engancha. Por cierto, he cogido uno al azar, así que no sé si será de los más divertidos.

Que 20 años (o treinta y tantos) no son nada

Si quieren ver y saber cómo hemos llegado hasta aquí, lo que hemos visto, vivido (no sólo a través de la pantalla del televisor); incluso, volver a sentir lo que sentimos antaño y revivir otros tiempos, no duden en hacer click en el siguiente vídeo (mandado por mi amiga Rosa la sevillana hace apenas unos minutos). Una sonrisa ha esbozado mi cara. Eso significa mucho.

Por cierto, amigos, anoche estuve en el pre-estreno de Sweeny Todd, el último trabajo de Tim Burton. Sangrienta, expresionista y sorprendente. También con toques de humor que hacían saltar las carcajadas de un público entregado de antemano.

Lo más patético, sin duda, fue ver a lo “más granado” de nuestro famoseo (La Chunga y personajes similares que, por supuesto, no tenían ni puta idea de qué coño iban a ver o quién coño era ese señor con gafas y pelo escarolado; ni les importaba. Lo único que buscaban, sin duda, era el destello de miles de cámaras sin criterio). Insisto, de verdad, ¿no se invitó a intelectuales, políticos, culturetas o personajes de la cultura al estreno? Tal vez, no son suficientemente conocidos por un público y unos medios abocados a la mediocridad que conocen y reconocen más al último actor “revelación” de la serie “Herederos” que a Muñoz Molina o, bajemos un poco el listón (pero con dignidad), a Paul Naschy?

Aquí les dejo un fotograma de su corto Vincent. El propio Tim Burton quedó impactado, que no epatado (sólo tienen que mirar su cara y sus ojos en esta bonita imagen), por nuestro nivelón de famoseo (aunque se salven Alaska, que no su trepa-marido de pega, Álex de la Iglesia y Pedro Almodóvar). Más cultura y menos vivir del cuento, señores, aunque si el cuento es del Sr. Burton se lo perdonamos.