Ana María Matute / Domingo de Remember

Ana María Matutes_Quico García

Fotografía_Quico García


Ana María Matute
acaba de recibir el Premio Cervantes 2010, el más prestigioso de las letras españolas y uno de los que se le resistía, comentó durante la entrevista que le hice en septiembre de 2008 para la revista EME (El Mundo). Se convierte, pues, en la tercera mujer en conseguirlo, tras otras dos Marías (permítanme la licencia): María Zambrano y Dulce María Loynaz.

Domingo de remember se convierte así en espacio suyo por derecho propio. A continuación pueden leer la entrevista. Llena de dulzura, pero también de picardía añeja. No en vano, tiene un pasado de esos que marcan con hierro candente y dejan un frío poso repleto de cálida melancolía. Pasen y lean.

 

ENTREVISTA A ANA MARÍA MATUTE

Es considerada “una de las voces más personales de la literatura española”. Tanto es así que, desde 1998, ocupa satisfecha uno de los sillones de la Real Academia Española (su sillón, el K) y ha recibido numerosos premios a lo largo de su trayectoria, desde el Nacional de Literatura al Nadal, pasando por el Planeta y el Lazarillo. Además, fue nominada al Premio Nobel de Literatura en 1976 y, aunque se le resista el Cervantes, en 2007 recibió el Nacional de las Letras Españolas.

Matute (Barcelona, 1926), sin embargo, tiene un pasado de esos que marcan con hierro candente y dejan un frío poso repleto de cálida melancolía. Sin duda, su atípica infancia ha delineado su trayectoria como escritora. La propia Matute nos cuenta que creció en una familia de la pequeña burguesía catalana, pero que no todo fueron parabienes. Su infancia trascurrió entre largos periodos de convalecencia (“era una niña muy enfermiza”) que le obligaron a crear su propio imaginario literario. Las sombras en las paredes de su habitación y los cuentos, afirma, fueron destacados e imprescindibles elementos de juego. Por eso, imaginamos, a la escritora le resulta difícil distinguir entre la delgada línea que separa lo real de lo imaginario. De hecho, el ingrediente “mágico” es clave en su cocción (producción) literaria y convierte gran parte de sus libros en pura quimera. Pero también formó parte de la generación de los “niños asombrados” (ella misma dice haber creado esa expresión) que crecieron y tuvieron que lidiar con un universo perfilado por las grietas del enfrentamiento entre Caín y Abel, el de la España de la guerra y la posguerra. Un universo que, posteriormente, plasmaron en sus relatos, “asombrados” ante la barbarie que habían vivido siendo niños. Matute fue y sigue siendo una niña que devora la vida, que tiene imaginación, pero también memoria. “Con 17 años escribió su primera novela, Pequeño teatro, por la que Ignacio Agustí, director de la editorial Destino en aquellos años, le ofreció un contrato de 3.000 pesetas que ella aceptó. Sin embargo, la obra no se publicó hasta ocho años después.” Los Abel (1948), una metáfora sobre la Guerra Civil, se convertiría así en su primera novela publicada. Posteriormente, llegaron otros relatos, tan inolvidables como el primero. No en vano, la autora entiende el negro sobre blanco como una forma de protesta sin la que no podría vivir y se aplica con empeño y sabiduría. Pero su verdadero éxito de ventas llegaría con Olvidado Rey Gudú (1996). Todo un revulsivo para la novelista. Cuatro años más tarde, vio la luz Aranmanoth. Su última novela hasta la fecha.

Nos encontramos con la octogenaria escritora momentos previos a la conferencia inaugural de los Cursos de Verano 2008 de El Escorial que ella misma llevará a cabo, pese a encontrarse todavía en silla de ruedas recuperándose de una reciente enfermedad (nada grave, nos comentan). Se muestra coqueta y risueña, con ganas de romper esquemas preconcebidos respecto a ella y su aparente fragilidad. La novelista, sin duda, es pizpireta y, antes de empezar la entrevista, pide con fervor un poco de picardía en su Coca-Cola. Irónica responde a nuestras múltiples preguntas, protestando animosamente si no reímos sus gracias (a veces, picardía de por medio, es difícil entender sus palabras). ¿Valoración final? Agradable, pero con acusado carácter. Como un buen vino añejo. Así es Matute. Sigue leyendo

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