Domingo de remember_Bigas Luna_entrevista

Imagen_Óscar L. Tejeda

El titular lo dice todo: toca recordar. La ocasión la pintan calva (el cineasta participa en el Pabellón de España de la Expo 2010) y recupero aquí una entrevista que le hice para la sección En esto creo de la revista Esquire. Fue publicada en diciembre de 2007. Recuerden que en esta sección no aparecen las preguntas del periodista, sólo las respuestas del entrevistado.

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Domingo de remember_Clara Sánchez

CLARA SÁNCHEZ_Entrevista

“Lo que esconde tu nombre” / PREMIO NADAL 2010

Como saben, deberían saber o sospechar, Domingo de remember recoge artículos, entrevistas, críticas o reportajes realizados por mí en tiempo pretérito o no tanto, como es el caso de hoy: la resolución del Premio Nadal tuvo lugar a principios de enero y la novela, una acertada combinación entre thriller psicológico y novela histórica, ha salido a la venta en febrero (Ed. Destino).

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“La enfermedad y la vejez disfrazan a cualquiera de bondadoso”, así de tajante se muestra la escritora Clara Sánchez (Guadalajara, 1955) en sus respuestas. Y no podemos estar más de acuerdo, ¿qué mejor disfraz para un verdugo nazi que el de anciano? A tan truculento paraje nos acerca “Lo que esconde tu nombre”, la novela ganadora del Premio Nadal 2010.

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La primera pregunta, no puede ser otra que ésta: ¿qué esconde “Lo que esconde tu nombre”?

Habla de que no todos somos lo que aparentamos ser, de que una cara agradable puede ocultar a un monstruo y de que mucha gente que abusa de los demás logra escaparse sin pagar. Pero también habla de la profunda amistad que puede surgir entre personas de edades muy distintas y del amor como recurso salvador para darle sentido a nuestra vida. Incluso los monstruos se enamoran en esta novela.

¿Existe mejor disfraz para un responsable de la masacre nazi que el de una pareja de ancianos pasando sus últimos años en la costa española?

Es el disfraz ideal. Sólo se necesita un pantalón corto, una gorra y la debilidad propia de los años. La enfermedad y la vejez disfrazan a cualquiera de bondadoso. Ves a un anciano y piensas: este hombre trabajó, se esforzó y se jubiló y ahora está en paz, pero no siempre es así.

¿Por qué cree que, tras la llegada de la democracia a España, no se les ha perseguido y sometido a la justicia?

Esta es la gran pregunta. Nadie los denunció, no se les consideraba peligrosos… No conozco el entramado judicial, el caso es que muchos han muerto en sus camas bajo el calor de nuestro sol.

¿Quién es Clara Sánchez? ¿Lleva algún disfraz? ¿Alguna vez le hubiera gustado esconderse tras alguno o convertirse en el trasunto de algún personaje literario?

Odio aparentar lo que no soy, por ejemplo, más inteligente, mayor alcurnia familiar, más riqueza, más y más de lo que sea. El dar gato por liebre me hace sentir mal, como si yo no fuera suficiente, así que a veces tiendo a rebajar mi perfil sin darme cuenta. Pero también es cierto que hay algo de Dr. Jekyll y Mr. Hyde en mí, cuando me tocan mucho las narices sale Dr. Jekyll. Y todos somos personajes literarios en potencia, sólo hace falta que un escritor se fije en nosotros. Me habría gustado que se fijase en mí Flaubert, lo que es imposible, o Javier Marías, lo que aún sería posible.

¿Se puede vivir de ser escritora full-time o también dedica su tiempo a otros menesteres?

Nunca he escrito para comer. He trabajado en otras cosas precisamente para poder escribir y nunca me pregunté si me daría para vivir. Las cosas han ido rodando y ahora sólo me dedico a escribir y a todo lo que lleva anejo. A veces estoy mejor de dinero y otras, peor.

¿Qué ha significado recibir el Premio Nadal? ¿Qué ha cambiado tras el galardón?

Es un premio de enorme prestigio, encontrarme en su lista de premiados me honra como escritora. Y ahora me queda hacer lo que siempre he hecho: escribir, trabajar. Es la mejor manera que conozco de merecerme lo que me dan.

¿Tiene ya en mente su próxima novela?

De momento, en cuanto pueda ponerme a ello, pienso continuar la historia de “Lo que esconde tu nombre”.

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ENTREVISTA PUBLICADA POR LA QUE ESTO SUSCRIBE EN LA REVISTA EL DUENDE (n. 102).  Ilustración: Nuria Cuesta

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Domingo de remember_Fernando Arrabal

ENTREVISTA A FERNANDO ARRABAL

Imagen: www.arrabal.org

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Realizada en febrero de 2008
Publicada (en modo resumido) en la revista ESQUIRE en octubre de 2008

* Como siempre, comentarles que la revista Esquire, en su sección En esto creo, no publica las preguntas del periodista, sólo las respuestas del entrevistado. Así pues, les dejo las declaraciones que Arrabal hizo para Esquire.

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FERNANDO ARRABAL

Escritor, iconoclasta, patafísico…

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Si el niño que fui me viera ahora es posible que pensara (más que dijera): “Qué buenas migas haría este señor tan mayor ya conmigo y con la mujer que le enseñó a leer, escribir y amar”. O que, horrorizado por la imposibilidad de revivir, se inventara uno de sus dichos, que aún no se conocían por  “arrabalesco”: “Nunca segundos viernes fueron jueves”.

El mayor logro de mi vida, obviamente, estaría por venir… “Si Pan quiere”. ¿El mayor fracaso? Lo fraguo caso por caso. Y también: ¿estaría por venir?

Me arrepiento de muchas cosas. Por ejemplo, de no haber abrazado las matemáticas cuando me lo recomendó el tribunal de mi primer premio a los diez años (el de “primer superdotado de España”). Y luego de haberme dedicado, quizás demasiado, a la ciencia.

Si existiera la felicidad, ¿hay mejor calidad para alcanzarla que la generosidad? La santidad civil y pagana es mi sueño por ahora, desgraciadamente, inalcanzable.

Mi mayor miedo es el de morir sin estar rodeado por quienes quiero.

Nada justifica la mentira. Es una componenda inútil con la ira centrípeta de uno mismo.

Me identifico con el Atila enamorado del final de su vida, el Stalin adolescente y  fervoroso seminarista de Tiflis, el místico (y secretario secreto de Sartre hasta su muerte) Bennie Lévy deslumbrado por la trascendencia y la niña Teresa de Ávila cuando quiso desterrarse.

Me hubiera gustado vivir el big-bang. Aunque me parezca tan difícil vivir fuera de la época actual.

Admiro a mi padre (mártir y santo), a Topor, Marcel Duchamp y Beckett (q.e.p.d.). Todos los días que pasan añoro sus presencias. Y hoy a Lis, Kundera, Lélia, Houellebecq, Samuel, Louise Bourgeois y un etcétera gigantesco.

Si tuviera poder ilimitado, lo limitaría, por lo menos.

Si me preguntan quién me hubiera gustado ser, les diría modestamente, Fernando Arrabal. Soy una “instalación” que representa como ninguna (pero únicamente para mí) el ser aquí y hoy.

La obra de arte que considero fundamental e imprescindible, al menos para mí, es obviamente la mía.

Me gustaría morir durmiendo. Pero en paz con todo y con todos.

¿El poder tiene sexo? ¿El sexo poder? ¡Joder! ¡Qué lata! ¿‘Quousque tandem’? ¿Cree que no nos hacen sufrir suficientemente estos groseros mellizos?

Desgraciadamente creo que siempre he vagado en el exterior o en el margen de la extravagancia. Pero, como el personaje de mi novela “Como un paraíso de locos”, espero llegar a ser como todos.

Si tuviera que mencionar una comida, sería el plato que hicieron para mí las personas que dijeron que me querían en mi primera infancia.

Como a Wittgenstein el artículo de su muerte o al Creador el vehículo del “tohu bohu” (alias “big bang”), al ser humano la confusión tanto le arrebata con arrobo (incluso en el arrabal) que no le crea obligaciones. O, si se las crea, son tan divertidas e inteligentes que pasan inadvertidas. El cíclope ciego se distingue mal del tuerto.

Me pregunta si hay un alegato político en mi obra y yo respondo: me sorprendió la acogida de mi “Carta a Franco” en vida del dictador. La Bolsa: catedral e iglú que celebra el milagro de hacer del dinero dinero. Las poluciones nocturnas del  nuevo rico al despertarse: ¿son cubitos de hielo entre las sábanas?

No parece que se puedan establecer vasos comunicantes (con visos de comunión) entre mi diccionario pánico y el de las academias sin que perdamos nuestras identidades al alimón. Que un camello pase por el ojo de una aguja es menos infrecuente que encontrar al camellero que trató de hacerlo.

¿Es pánico todo lo que reluce? El hombre pánico (e incluso su pene) observa con pena el eterno triunfo de la confusión. En el Colegio de Patafísica se define al omnipresente universo de las excepciones. El filistino busca un espejo que le cambie su conformista faz por una cara patafísica o pánica. ¿Que sólo puede ser dura?

¿Por qué hay quien sólo conoce de mí la “borrachera patafisica” de la famosa tertulia con Sánchez Dragó? Habría que consultar a las pitonisas de la confusión o a los simpáticos neo-comisarios de hoy. Éstos, con  los cirujano-barberos de la época de Cervantes, supongo que responderían: “Gracias a un reloj de sol (y de pulsera) cada instante señalaría la hora que más nos apeteciera”. Qué hermosura contemplar cómo la mayoría de los ex-censores hacen carrera como campeones de la simpatía. Incluso los hubo de Fuerza Nueva que se alistaron a formaciones revolucionarias armadas. Las sabandijas, cuando enferman, no se meten en la cama.

“In vino veritas”, pensó uno de los tres hijos de Noé. Hasta aquella fecha, la de la famosa tertulia, no bebía y aquella noche me tragué un vaso de chinchón creyendo que era agua. Tardé años en apreciar el vino; me sabía a vinagre. Aún hoy echo azúcar en el champán y, sobre todo, en el “Dom Perignon”. No me agrada en absoluto, pero las leyendas pueden sentar plaza de verdades, como observó Gracián. Aunque los mitos son mentiras que dicen la verdad. El elefante tuvo que cortarse la trompa: su rabito sentía celos de ella.

La provocación es infantil, centrípeta y aleatoria. Creo que se puede confundir provocación y humor.

La provocación fue la coartada que se inventaron las lumbreras del Ministerio de Información y Turismo de hace cuarenta años. Con ella trataban de justificar que el dramaturgo más representado en el mundo fuera entonces prohibido en España. Cosas más peregrinas se oyeron… y se oirán. Los antropófagos diabéticos no comen fabricantes de azucarillos. Un simpático nuevo mando de la democracia (que en su día tuvo la sensatez de proteger sus manos, brazo en alto) pretendió que sus neo-ex-colegas me “pasaran factura por haber escrito mi carta pública a Franco en vida del general”. Cuando se ha vivido en el Purgatorio, se puede afrontar el aburrimiento del Limbo.

El hecho de que el antiguo régimen prohibiese mi obra es, mirado desde la distancia, un gran honor, el único que podía otorgarme “sin mancillarme”, como se decía entonces.

El dios Pan tiene dos caras: la risa y el miedo. Pan significa todo. No queremos una moral en singular, ni exclusiones intervencionistas. Todos pueden decirse pánico. Jodorowsky, Topor y yo no somos una secta. Somos, creo, el primer grupo de artistas que aborda la ciencia, la confusión y el azar.

Todo lo que yo pueda decir de la sorprendente actualidad del movimiento Pánico tendría aún menos trascendencia que lo que opinó el ministro Ucelay de Picasso en 1937. Que los rinocerontes canten es de por sí bastante molesto, pero lo insoportable es que vuelen. En el grupo surrealista tan sólo estuve (pero con presencia diaria) tres años. Políticamente, el grupo era entonces (como lo fue siempre) el ala cultural del partido comunista trotskista; artísticamente, lo formaba el corro de  rebeldes más espeluznante y genial de aquel  momento. Conocí a un surrealista sin complejo alguno, se llamaba Adán y se hacía pasar por el gorila del Paraíso.

Las golondrinas melillenses  y los cóndores peruanos ignoran la manía demente de ir siempre en línea recta. Vivimos tiempos de miopía en que matar por placer parece peor que hacerlo por ideal. Los titanes y sus aterrorizantes bicharracos llamados “quimeras” están aún presentes con los Prometeos del hombre nuevo. Todos podemos teorizar sobre la parte más maldita de los terráqueos, porque todos formamos parte de la maldición.

Creo que no habrá tigres de Bengala, ni capitalismo, ni comunismo ni Bolsa en un porvenir no muy lejano.

Abofeteé a un presentador francés por tratar irrespetuosamente a Cervantes, quien tenía demasiado humor como para no apreciar mi reacción. Es admirable por ser tan paradójico y ambiguo. Recuerden la réplica de Sancho: “ni quito ni pongo rey, sino que me sirvo a mí que soy mi señor”.

El porcentaje de jóvenes compañías (o de “teatros consagrados”) que da importancia a mis obras, hasta el punto de representarlas, es semejante actualmente en Nueva York y en las antípodas. Las piezas elegidas (y las desechadas) son las mismas. Conviene alcanzar la irrealidad desde la mayor concreción. Si existiera una escrupulosa equidad la familia del presidente americano tendría orejas negras. Sorprende que mi “circunstancia”,  familiar sólo para mí, pueda serlo igualmente para un joven director de Sydney o de Tel Aviv.

Tras los  tiempos de penitencias obscurantistas, ¿atravesamos los senderos de las mistificaciones luminosas? Me acostumbré durante decenas de años  a la hostilidad casi paranoica del antiguo régimen y a la obstinación de su censura (ver punto 1 al final de las declaraciones). No consigue alterarme el que, aún hoy, según me dicen (¿pero es cierto?), un sector (sin significación y en agonía) actúe parecidamente. Si dos puerco-espines se cruzan tiene prioridad el de más espinas.

¡Cómo nos gustaría a todos ver la luna bocabajo! El Teatro Real de Madrid que va a estrenar mi última ópera (con la dirección de “Els Comediants”) fue inaugurado en 1850. Y hay teatros, como la “Comédie Française” y otros teatros nacionales europeos, en los que se puede representar mi obra actualmente de la forma más sorprendente e incluso arriesgada. Como en su día mi “Emperador… de Asiria” con el inolvidable Sir Laurence Olivier. Sistemáticamente, la rueda fortuna no da el triunfo a los mejores, sino a los más conocidos. Mi teatro no se publicó hasta 1977, antes en japonés o griego que en mi lengua materna, por orden de las autoridades. La sarna inteligente prefiere los toros colorados.

No soy emigrante, sino desterrado, puesto que más que de raíces dispongo de piernas. Las cebras más “modernas” han creado una ONG para exigir que sus rayas sean horizontales.

Injustamente, se habla menos de los miles de miembros que hoy forman el Colegio de Patafisica que de los cinco trascendentes sátrapas aún en vida (Umberto Eco, Barry Flanagan, Dario Fo, Edoardo Sanguineti y yo mismo). Desgraciadamente acaba de ocultarse (fallecer, “vulgaris”) Baudrillard. Y años antes mis irremplazables Marcel Duchamp, Max Ernest, Ionesco y Man Ray.

La confusa complejidad actual hace que los problemas cambien de naturaleza para que las “soluciones” parezcan racionales. Menos los adivinos, todos pueden prever el porvenir.

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(1): Un año después de la muerte de Franco cinco españoles teníamos aún vetada nuestra vuelta a España  por “muy peligrosos”: Líster, Carrillo, Pasionaria, “El campesino” y yo.  Me pareció injurioso que se incluyera mi nombre junto al de cuatro ex-estalinistas con las manos manchadas de sangre  y a quienes en aquel instante les deslumbraban los palacios y la gestión del tirano de Rumania.

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Domingo de remember_Andrés Trapiello

ENTREVISTA A ANDRÉS TRAPIELLO

Realizada por la que esto suscribe
Publicada en Esquire (marzo_2009)

Fotografía: Hugo Estenssoro

* Como siempre, comentarles que se publicó en la sección En esto creo y que, por lo tanto, no aparecen las preguntas del periodista, sólo las respuestas del entrevistado.

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DECLARACIONES DE ANDRÉS TRAPIELLO
Escritor, 55 años, Manzaneda de Torío, León

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Al atardecer, al volver de la escuela, pasaba por delante de la cárcel vieja de León y oía cómo los carceleros comprobaban el estado de los barrotes con una barra de hierro. Lúgubres arpegios. Fue entonces cuando supe que la literatura sería mi vida.

En literatura son difíciles los comienzos y los finales. Y de lo de en medio ni hablamos. Yo no he conocido nada fácil en esto.

No he sido bibliófilo nunca. Me gustan los libros, sí, pero siempre he dicho: “Libro que no has de leer, déjalo correr”. También me gusta esta otra frase: “Los libros que han cambiado nuestra vida cuestan dos euros y se encuentran en los kioscos”. En mi mesilla ahora encontrarías una antología de Rilke traducida por Antonio Pau.

La literatura ha sido, es y será cosa de minorías. Los lectores han sido, son y serán siempre pocos. Ahora, compradores de libros podrán ser muchos.

No tengo la menor idea de en qué se convertirá Internet ni cuál es el futuro del libro impreso. De cualquier manera, en mi casa hay ya más libros de los que podré leer en toda mi vida.

Puede decirse de los premios lo mismo que de los rechazos: hoy en día los tiene todo el mundo; los escritores malos, los regulares y los buenos. Dicen muy poca cosa. Son como los perfumes, en cada uno huelen de diferente modo. En mi caso, el Nadal me facilitó algunas cosas, un premio que también lo tienen escritores malos, regulares y buenos.

Hay lucha de egos e intereses económicos detrás de algunos galardones. Como en todo. Lo decía el viejo Lara a propósito del Planeta: los niños no vienen de París.

Me han rechazado un libro. Como a todos los escritores. Un rechazo no dice nada de nadie, ni a favor ni en contra.

En parte, me hice editor y tipógrafo aficionado para evitar los rechazos editoriales. Por orgullo. Decir que he sido editor y tipógrafo suena a más de lo que he sido. Soy editor y tipógrafo oyente, de juguete.

Novelista, ensayista, poeta, articulista… todo es reflejo, más o menos, de lo mismo: una manera de estar en el mundo. Todo y nada le da a uno de comer, si come poco.

Para poder escribir es necesario haber leído mucho. Pero no demasiado. A partir de un punto todos hemos de elegir qué queremos ser: escritores o lectores.

Mi literatura aspira a ser vida y restitución.

Si me preguntas de qué libro me siento más satisfecho, te diré que de ninguno y de todos, más o menos.

La literatura es vida. Una forma de vida, no diferente de ella. La literatura es un organismo vivo, por eso no importa que esté descacharrada a veces. Lo que la literatura no es nunca es mecanismo gimnástico, artístico o intelectual.

Todo escritor está solo por fuera y acompañado por dentro. Está solo, pero lleva en su interior una multitud.

Si el trabajo no es gustoso, malo. Si el escritor está mirando cada media hora el reloj para dejar de escribir, peor: de eso se dará cuenta el lector. Al escritor, como a San Ero de Armenteira, se le pasa el tiempo volando. Por fuera y por dentro también.

El tiempo ha cambiado mi literatura. Como cambia la vida la manera de vivirla.

Como ensayista me preocupa lo mismo que a todos: el amor, la muerte y el tiempo. Y todo eso buscado en los hechos menudos de la existencia, en las personas que conozco, en la literatura, en las historias que me han contado…

La poesía es una forma de conciencia y de conocimiento. Y el poeta… un mandado, alguien a quien la poesía viene casi siempre grande, y lo acepta humildemente.

Del rencor nunca sale nada bueno. Avellaneda detestaba a Cervantes, por eso su segunda parte de El Quijote es tan mala. Yo escribí Al morir Don Quijote por amor a un libro que me habría gustado aún mucho más largo. Lo excelente nace siempre de una celebración. Y eso casi siempre va contra la naturaleza melancólica de la mayor parte de los autores. “España”, decía Torrente Ballester, “no es cervantina, sino quevedesca, gongorina y esperpéntica”. Por eso he dicho, hace ya muchos años, que si hubiera habido Premio Cervantes en el Siglo de Oro, se lo habrían dado a Lope.

Estoy encajado en la izquierda desde hace treinta años. Pero la cultura la hacen personas, no partidos políticos ni gobiernos, contra lo que suelen creer los ministros de derechas y de izquierdas. Trapiello, un cervantino de los pies a la cabeza.
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Domingo de remember_Álvaro Pombo

Fotografía_ © Daniel Alea (2009)

Aprovechando que se acaba de presentar la Nueva Gramática de la Lengua Española, tras más de una década de trabajo conjunto de las 22 Academias de la Lengua para conformar lo que se ha dado en llamar el “mapa del Español”, recupero aquí una entrevista a Álvaro Pombo (Santander, 1939), escritor, intelectual y miembro de la Real Academia de la Lengua Española (por lo tanto, responsable de esta nueva obra), que realicé para la revista Esquire el pasado mes de marzo.

La entrevista tuvo lugar en su céntrica casa de Madrid entre miles de libros desordenados y amontonados por doquier y una curiosa protagonista, la ceniza (de cigarros, entiéndanme), esparciendo su presencia, marcando territorio (fíjense, sino, en la foto realizada ese mismo día). La intimidad de su abigarrado salón nos mostró al Pombo más inquieto y expresivo, capaz de desprender una energía y una convicción inigualables a la hora de transformar sus pensamientos en palabras.

Sin más rodeos, les dejo sus palabras. Como siempre, les recuerdo que la sección En esto creo en la que la entrevista fue publicada sólo recoge las declaraciones del entrevistado, no las preguntas realizadas por el/la periodista.

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Entrevista realizada por la que esto suscribe en marzo de 2009
Publicada en Esquire en mayo de 2009

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DECLARACIONES DE ÁLVARO POMBO

En mi época éramos muy burros, aunque ahora nos guste pensar que devorábamos libros de Virgilio y Platón. Y no es cierto. Yo fui un estudiante regular, no muy bueno, la verdad.

Es cosa de la derecha afirmar que la gente joven no lee. Yo creo que están muy despiertos y que leen lo que pueden, pero lo hacen de otra manera, por ejemplo, a través de Internet. Para mí es muy cansado hacerlo ante la pantalla del ordenador.

No creo que los libros vayan a desaparecer en favor de Internet. Yo trato de aprovechar sus utilidades y soy consciente de que determinan una relación distinta con el pensamiento y la forma de expresarse del ser humano.

No estoy en contra del matrimonio gay, aunque durante un tiempo sí he criticado el uso de la palabra “matrimonio”. Ahora creo que sí hay que utilizarla porque si no, jurídicamente, se produce una desigualdad en los derechos. Y en vista de que la Iglesia Católica española se está comportando de una manera tan retrógrada, lo apoyo completamente.

Las influencias más importantes de un escritor son siempre las que recibe de joven, no de lo que va leyendo después. En mi vida han sido relevantes escritores como Thomas Mann, Graham Greene y Georges Bernanos; pensadores como Unamuno, Sartre, José Luis Aranguren y José Antonio Marina; poetas como T. S. Eliot, Rilke, José María Valverde, Antonio Machado o Luis Cernuda. Aunque es difícil decir qué cosas de las que uno lee influyen más o menos en lo que hace.

Gané el Premio Herralde de Novela en 1983, pero hasta 1991 no obtuve el de la Crítica. Mientras tanto, estuve trabajando en un banco y haciendo toda clase de actividades. Los premios me han venido muy bien. La venta de libros es complicada y los galardones generan automáticamente publicidad y, por lo tanto, más ventas. Pero, en general, puedo afirmar que he tenido una carrera extensa y laboriosa.

Yo nunca soy jurado de nada. No me gusta decidir sobre el trabajo de los demás. Lo he hecho dos veces con el Premio Planeta, porque creía que tenía esa obligación. Pero es algo que no me gusta, no soy un crítico.

La carrera de un escritor es larga. En verdad, no termina nunca. Una vez has escrito un libro y se publica, lo olvidas y empiezas con el siguiente. Escribir es un oficio que mejora con el paso de los años. El talento puede tener una importancia inicial, pero con el tiempo no es suficiente. Sólo de talento no vive un escritor.

Ser miembro de la Real Academia de la Lengua es un gran honor. Es una institución que vela por la expansión del español y, hoy en día, está muy viva y pujante. Aunque la tarea de los escritores no es hacer los diccionarios; eso es trabajo de los lexicógrafos y filólogos. Mi verdadera función en la Academia es la de creador, la de escritor.

El erotismo y el sentimiento no se pueden separar a la hora de escribir. Pero no mido el porcentaje de cada uno de ellos, no es una receta. Los hombres somos seres sexuados y, en consecuencia, nuestras vidas están llenas de erotismo y sentimiento.

Mi formación católica está bien visible en mis libros. Me considero cristiano, pero en estos momentos debo reconocer que me siento completamente fuera de lo que es la Iglesia Católica.

Un escritor no nace, se hace. Por muchas cualidades personales que uno tenga, si no se trabaja, no se llega a ser escritor. Todo el asunto en esta profesión es la construcción de uno mismo.

Tengo un blog sobre Obama que se llama The First Dog (apombo.blogspot.com), donde trato de recoger mis impresiones sobre tan particular presidencia. Estoy convencido de que en la Red hay muchas posibilidades expresivas para la gente, pero creo que los chat son una auténtica pérdida de tiempo.

Como escritor soy muy metódico. Trabajo a horas de oficina y burocráticamente. Si sacas un folio o dos a diario y trabajas 365 días al año, te salen más de 600. Quitas 300 y, aun así, te sale una novela. Siempre procuro escribir, con ganas o sin ellas.

Empecé muy joven, en el colegio. Tendría unos 12 ó 13 años. Aunque lo de publicar vino mucho más tarde, casi con 40. La primera vez que lo hice en España fue en el 77 con La Gaya Ciencia, la editorial de Rosa Regàs.

Yo he sido poeta antes que escritor. Para mí la poesía es lo mismo que la prosa, forma parte de un bloque completo que es el ir escribiendo. No hago una distinción muy especial entre una y otra.

Siempre escribo el libro que creo que tengo que escribir y trato de hacerlo de la mejor manera posible, con la misma energía y dedicación, trate de un tema u otro. Puedo decir que en todos los casos he escrito el mejor libro que sé hacer.

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Domingo de Remember_García-Alix

Garcia_Alix_Oscar_L_Tejeda

Fotografía_  © Óscar L. Tejeda (2007)

ENTREVISTA A ALBERTO GARCÍA-ALIX

Realizada por la que esto suscribe en octubre de 2008

Publicada en EME (diciembre_08)

Su carrera como fotógrafo empieza en 1976, cuando coge por primera vez una cámara, casi como un juego. Pronto se convierte en una pulsión, una obsesión, de la que no puede desentenderse. Y, apenas dos décadas más tarde, en 1999, ya tiene en sus curtidas manos el Premio Nacional de Fotografía. Hablamos de uno de los fotógrafos de mayor calado del S. XX en el panorama nacional, Alberto García-Alix (León, 1956), autodidacta, con una trayectoria admirada y admirable, personalísima y con ciertas vetas de erotismo descarnado que engancha y no deja a nadie indiferente. Seducido por el blanco y negro, y por su propia vida (se considera un personaje más), las luces y sombras de su trayectoria vital se manifiestan en sus fotografías como una nítida autobiografía en imágenes que ha logrado estampar su propio sello y que, en ocasiones, se convierte en todo un puñetazo en la cara de lo políticamente correcto. Sin embargo, para Alix, es sólo espejo de su propio circo (recuerden que vivió muy de cerca la Movida) y consecuencia de una mirada cómplice, frontal y de plano corto a su entorno más cercano. Bromista e irónico nos recibe en la céntrica casa que posee en Madrid. “El sentido del humor te salva”, afirma. Porro en mano y féminas en mente (tanto sus cámaras como su moto tienen nombre de mujer), responde pacientemente a nuestras numerosas preguntas y se presta a servir de modelo para otro fotógrafo, como lo es para sí mismo en sus reveladores autorretratos. Las palabras tatuadas en sus falanges rezan “TODO” y “NADA”. Ése es Alix. Así se nos muestra.

¿Cómo empezó su relación con la fotografía?

Fue en el año 76, siendo yo muy joven. Empecé cogiendo una cámara de fotos, metiéndome en el laboratorio a revelar los negativos y haciendo pequeñas copias en papel. En principio, claro, salían churros y luego, poco a poco, empecé a encontrarlo adictivo, a publicar en Star y a editar cómics underground con Ceesepe, con quien monté la Cascorro Factory… Pero, sobre todo, hacía fotos, no como una manera de ganarme la vida, sino como una pasión. Poco a poco, me fui sintiendo fotógrafo. La fotografía reforzaba mi propia individualidad y era muy consciente de que aquel momento sólo me pertenecía a mí y a los que estábamos allí. Ese es un camino que se percibe y se va estableciendo poco a poco, luego está la perseverancia. Pero, bueno, yo no viví de la fotografía hasta mucho más tarde. En aquel entonces malvivía económicamente, pero bienvivía en general.

¿De qué vivía en aquellos tiempos?

Bueno, si te lo digo y lo escribes nos despiden a ti y a mí.

¿Qué ha cambiado en usted desde entonces? ¿Qué ha aprendido su ojo a lo largo de todos estos años de experiencia y formación?

Lo primero que ha cambiado, el pelo. Y ya sabes lo que se dice, el hombre pierde el pelo pero no el vicio. Artísticamente, me he obligado a razonar. No eres el mismo con 30 años que con 40 ó 50. Ni eres la misma persona, ni tienes los mismos intereses, aunque hay cosas que nunca cambian. Si cada vez te sientes más feliz, eres sabio; si cada vez vas más hacia abajo y te encierras en ti mismo, pues eres más tonto. Yo, con los años, he ganado y, además, ya comprendo a las mujeres y me conozco más a mí mismo. Lo que sí ha cambiado es mi mirada, hoy en día es totalmente intencionada y ha ganado en abstracción. Se va definiendo. Lo que no vale es repetirse, volver a hacer lo mismo. Tú evolucionas y evoluciona tu mirada, lo que no cambia es la pulsión.

¿Son sus fotos intencionadamente provocadoras?

Bueno, me provocan a mí. Mis fotos no son provocadoras, sólo obligan a establecer una comunicación con el retratado porque hay un cruce de miradas y eso al espectador le provoca algo, o se la pone dura o le da miedo… Así es la vida. La interpretación la hace el espectador. Pero yo no quiero provocar nada, sólo ese diálogo y una emoción. Si hubiera buscado la provocación, tendría a todos los retratados con el culo abierto. A la mayoría de la gente que retrato la conozco y la quiero. Yo sólo me limito a hacer una búsqueda en ellos. Desde luego, no es un mundo marginal. ¿Qué es eso? Que se lo pregunten a los políticos, que son cuatro. Ellos sí son marginales.

¿Es usted de los que piensa que el público debe completar el significado de lo que ve?

No. El significado de la fotografía está dentro de la imagen. Lo que puede ser el espectador es la última parte del eslabón de esa cadena. Se ponen delante de una imagen y tiene que plantearse qué les da, qué percibe de ella, qué le provoca. De lo que me arrepiento es de no haber utilizado la provocación en mis fotografías, porque la provocación es lo primero en el camino hacia la revolución. En los años 70 y 80 sí había revolución, la juventud decidía los valores; la agitación, la trasgresión, estar contra el sistema, todos ellos eran valores. Ahora lo único que nos queda es lo políticamente correcto y un sistema de mercado atroz.

¿Podemos hablar de una relación sana entre arte y mercado?

No, es incestuosa, pero de toda la vida. ¡Para qué engañarnos! ¿Qué es ser artista? Pues no lo sé.

¿Es su fotografía una autobiografía?

Sí, tengo un gran álbum de cromos. Todo mi trabajo tiene un tinte autobiográfico, pero yo no juego a eso conscientemente. Eso lo hacen mis ojos, luego hay otra parte que es dónde corto, qué hago, qué decido, cómo lo narro… De todos modos, la fotografía no es mi vida. Mi vida está por encima de la fotografía. Pero sí es la pócima de la eterna juventud.

Muchos le consideran el cronista de una generación, el de la Movida Madrileña. ¿Se siente identificado con ello o considera que es una etiqueta muy limitada? ¿Qué representó para usted vida la Movida Madrileña?

Para mí, sobre todo, fue la época de mi juventud y como tal fue divertida. Pero, bueno, ya casi ni me acuerdo. He hecho más cosas, aparte de retratar la Movida, y eso es lo que voy a mostrar en la exposición del Reina. Sigo moviendo el esqueleto y eso es algo infalible si se quiere ser feliz.

Yo entiendo que la fotografía es un espejo de lo que fuimos y reflejo de lo que vivimos, es inherente, lleva esa carga. Pero no me gustaría que eso fuera lo que le diera el valor, sino la originalidad de la obra, el desarrollo visual… Todo eso.

¿Podemos decir que es usted un personaje más en sus fotografías?

Sí. Pero no creas que me estoy constantemente autorretratando, a veces es sólo un ejercicio. Una cámara de fotos, un trípode y el hecho de no tener modelo puede llevarte a autorretratarte. Sólo hace falta la predisposición, es un camino de búsqueda. Pero no tengo mucho ego, si salgo en las fotos es porque me considero un personaje más.

¿Qué cambió para usted y para la proyección internacional de su trabajo haber ganado en 1999 el Premio Nacional de Fotografía?

En la vida profesional, sí supuso un cambio. Sería estúpido no admitirlo. En el momento, no; pero si miro hacia atrás, sí. Es un reconocimiento muy importante. Uno lo recibe muy tímidamente, pensando en si realmente se lo merece. Yo no soy santo de mi devoción. Hay muy buenos fotógrafos ahí afuera.

¿Le ha resultado difícil llegar profesionalmente al lugar en el que se encuentra hoy como artista?

En muchos momentos me he planteado abandonar. Tienes muchas crisis. Durante algunos años la fotografía no me daba de comer, pero con el tiempo te das cuenta de que es un largo camino que hay que recorrer. Un día haces una exposición, otro día otra y así. También es cierto que ahora la fotografía se valora más, se hacen catálogos, me estás haciendo una entrevista… Yo soy un privilegiado, puedo vivir de lo que me gusta. Nunca pensé en que podría vivir de ser fotógrafo.

Durante un tiempo, allá por el 2003, la Hepatitis C le sume en una etapa gris y se resguarda en París para su tratamiento. ¿Qué le salvó anímicamente, qué le ayudó a seguir adelante?

El sentido del humor te salva muchas veces. Pero, bueno, yo creo que estaba ya salvado. Aunque, a veces, uno no lo quiere ver y nos torturamos nosotros mismos. El interferón fue el apoyo a mi etapa gris. Incluso, algunas veces, me río. Pero si lo pienso bien, puedo decir que sólo he pasado alguna noche regular…. Si te soy franco, lo que intento es lo que intentamos todos, estar en paz conmigo mismo y ser feliz, la redención.

¿Qué le aporta, personal y profesionalmente, París frente a Madrid?

Ahora mismo, casi nada. Tengo en París mi galería, trabajo mucho allí, tengo amigos y voy constantemente. Estoy un poco a caballo entre las dos ciudades. La etapa de vivir en París, de momento, se acabó y ahora resido en Madrid, una ciudad más humana. Pero hay sitios mejores que París. Allí tienes todo el día el culo mojado de ir en moto y, además, tiene una carga de soledad muy grande.

¿La cámara le acompaña siempre, es su infatigable compañera de viaje o su particular psicoanalista?

La cámara viene conmigo cada vez que puedo y la prostituyo. De momento, no he probado el digital. En mi casa tengo un laboratorio, revelo mis negativos, tengo plancha de contactos y a no ser que quiera hacer un experimento, lo mando a Alemania para que lo haga Kira Enss (genio y figura hasta la sepultura).

¿Por qué no ha trabajado, hasta ahora, con cámaras digitales?

Simplemente no lo he probado. Eso es todo. De todos modos, me gusta mucho la materia, el papel de plata y encuentro que, ahora, es mi camino de búsqueda. Mañana puedo probar el digital y gustarme, pero de momento me puedo permitir hacerlo a mi manera. Claro, si tuviera que trabajar en prensa o empezar ahora sería imposible seguir trabajando con analógica. Para mí todo lo que sirva para crear me parece bien, sea digital o analógico, incluso el dedo.

¿Está enganchado al blanco y negro?

Aprendí a trabajar en blanco y negro y me atrapó. Para lo que yo quiero es más poético, pero no descarto trabajar el día de mañana en color. De hecho, cuando empecé hacía diapositivas en color. Pero si hiciera color tendría que ser otro Alberto, empezar otro camino.

¿Qué hay detrás de sus narrativos pies de foto? ¿Por qué tienen un papel tan destacado en su trabajo?

Son importantes para mí desde que empecé a hacer fotos. Aunque no se los pongo a todas. Cuando son retratos siempre necesito el nombre de la persona, pero otros pies de fotos son más narrativos. Escribo poco, me cuesta muchísimo ponerme a escribir, aunque me gusta. En La Fábrica han recopilado todos mis textos, desde los primeros hasta ahora, y van a editarlos. Pero no soy escritor, soy fotógrafo.

Después de tres décadas como fotógrafo, ¿es consciente de haber creado escuela?

No, no soy consciente de eso. No lo he pensado en mi vida, aunque es muy halagador.

¿Le pesa la cámara? Es decir, ¿le agobia la presión de no repetirse, de no resultar cansino?

Esa presión no la tengo. El único que me juzga soy yo mismo y quien se impone esa presión de búsqueda con la cámara. Me digo: “eso lo he visto ya”. Me pregunto: “¿Qué quiero realmente?”. La presión de lo que piensen los demás, no, porque me da igual.

¿Qué aspecto es más importante a la hora de hacer una fotografía, el cómo, cuándo o dónde mirar?

Cada foto nace de una manera distinta. En general, siempre me pongo frente a lo que quiero fotografiar y, casi siempre, en espacios cortos. Si veo que la foto está muy preparada, en el sentido de resultar muy rococó, me molesta. Me gusta todo muy despojado.

¿Hay momentos mágicos en el trabajo de un fotógrafo?

Claro que existen. Los momentos mágicos son de una pulsión insultante. A veces, estoy en trance. La analógica frente a la digital te obliga a pararte un tiempo y pensar en qué estás viendo.

A la hora de fotografiar “en frío” (sin que sea una sesión preparada o un idea preconcebida), ¿qué es más importante, la técnica, el ojo o una conjunción entre ambas?

El buen ojo se educa, nace como una pulsión, de un deseo de mirar, de un deseo de encontrar. Hay una perversión detrás. Luego el ojo va descubriendo, a medida que fotografía, su propia pulsión.

¿Cuáles son sus fuentes de inspiración? La calle, la literatura, el cine, el trabajo de otros fotógrafos…

A mi me inspira el momento que estoy viendo y viviendo. De la literatura paso, no me motiva. Ya no leo tanto como antes. Una pena. Son referencias intelectuales, pero no me motivan. El trabajo de otros fotógrafos tampoco me inspira, me gusta.

Tiene una piel marcada, llena de arte. ¿Sabe cuántos tatuajes tiene? ¿Qué significan para usted?

Buf, no sé cuántos tatuajes tengo. Muchos y por todas partes. Reflejan que he tenido mucho tiempo y mucha vida. Es biografía porque tiene implícito el momento en que se hizo cada tatuaje y qué significó, pero los significados cambian. Cuantos más tatuajes te haces, más intención les pones a lo que dicen de ti. Son ilustraciones, por lo tanto, soy un hombre ilustrado.

Sabemos que, además, es un gran fan de las motos, ¿qué le aportan? ¿Es de los que acude a concentraciones?

La moto y yo nos comprendemos, me hace feliz. Sin la moto la vida se me haría cuesta arriba. Viajo mucho en moto, sólo o con algún amigo. Hay que ver cuánto me aguanta el cuerpo para poder seguir haciéndolo. Pero cada vez acudo menos a concentraciones, ya no tengo tanto tiempo.

Haciendo uso del título de su próxima exposición en el Reina Sofía (5 de noviembre de 2008 – 16 de febrero de 2009), le preguntamos, ¿cuál es el lugar “De Donde No se Vuelve”?

¿De dónde crees tú? Desde luego, no me refiero a la muerte. Eso sería muy obvio. Estoy hablando de la fotografía, incluso de nosotros mismos, de nuestro pasado, como un lugar del que no se vuelve. Yo fotografío el pasado. Es un juego y una licencia poética. La fotografía es un espacio en el que una vez estás en el papel, estás congelado y atrapado. No puedes volver a ese momento de tu vida.

¿Qué quiere contar en esta exposición? ¿Qué cuenta la pieza audiovisual que articula dicha exposición?

Es una exposición que, en origen, era una retrospectiva al uso y el reto estaba en construir una narración que, transitando por el pasado y el presente, contara esa historia, ese lugar del que no se vuelve. He creado un desarrollo de cómo ha sido mi mirada y cómo mira hacia delante. Es toda mi vida lo que se muestra. Todo ello viene articulado por una narración visual, un vídeo, que da título a esta exposición, “De Donde No se Vuelve” y unas fotografías.

¿Se acercará más al vídeo a partir de ahora?

Me acercaré a las rubias, a las morenas… Yo me acercaré a donde yo quiera hasta decir basta. No, en serio, es una forma de expresión más. A lo mejor no lo vuelvo a utilizar. No lo sé. En cada momento de mi vida he tenido mi manera de intentar expresarme. Por ejemplo, haciendo la revista “El canto de la tripulación”, hasta bailando me expreso.

Ya que hablamos de “El canto de la tripulación”, ¿con qué intención nace dicha revista?

Bueno, surge de un cúmulo de circunstancias. Hay pasión, agitación, latidos libertarios… De todo, incluso revancha. La revista está imbuida de las ideas de la época, de dónde veníamos, del contexto. Teníamos tiempo para dar y tomar. Hoy en día no sería posible hacerla. Se pueden hacer cosas mejores o peores, pero en aquel entonces yo era otro Alberto.

También estuvo trabajando en la mítica revista “Star”. Cuéntenos, ¿cómo fue su experiencia?

Joder, fue la primera revista a la que vendí una foto. Incluso recuerdo haber encontrado recientemente un recibo de 50 pesetas por el pago de una de mis fotografías. Para mí “Star” representa mis primeros trabajos. Éramos todos muy jóvenes, haciendo algo underground… Estábamos orgullosos de ello, aunque nos pagaran poco.

Haga una valoración final. ¿Considera que la vida le ha tratado bien?

Sí. Todos nosotros hemos sido bien tratados. Hemos nacido aquí y no en un país en guerra o bajo el yugo de la hambruna.

Los 10 amigos que han marcado su vida son…

Me parece injusto dar nombres y dejar a gente fuera. Es una pregunta tan inmoral como la de “¿A quién quieres más, a papá o a mamá?” ¿Puedo darte iniciales? J, F, T, W, A, M, N, J, H, Q.

Otra radio es posible_Besos_1/2

MALDITO DUENDE RADIO

Radio Círculo (100.4 FM)

jueves 19:00 – 20:00 / repetimos el domingo 13:00 – 14:00

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Maldito Duende es el programa de la revista El Duende. Música, palabra y creaciones sonoras se unen para ahondar en las relaciones causales, casuales y circunstanciales. Maldito Duende es radio temática de vanguardia que parte de la esencia de esta revista para seducir los oídos del oyente. Una adaptación, una reinvención, un complemento, una vuelta de tuerca con entidad y vida propias. Maldito Duende se sirve de las temáticas propuestas cada mes en la revista para articular sus programas semanales de forma creativa y desde los más variados enfoques.

Dirección: Mónica Caballero
Colaboran: Inma Flor y Neiro Nairo

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Sístole-Diástole / Editorial / El cementerio de besos / Rubén Arribas

Anecdotario / Tiana y el sapo (cine)

Biombo / Entrevista / Andrés Barba

Primer plano / Psicología de un beso (extracto) / José Luis Baringo

Al final de la escalera / Crítica de cine / Mapa de los sonidos de Tokio / Isabel Coixet

Caja de música / Biografía sonora / Zoé / Luna

Quirófano / Agenda / Carrots (concierto) + 87 Grillos_Carmen Werner (danza) + Óscar Niemeyer (exposición) + La inutilidad del beso de Javier Puebla (libro)

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Texto de Despedida / El beso no besado (extracto) / Javier Montes

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