Juan Manuel de Prada en Cinemad / Tiempo de reflexión

CINEMAD10

El sábado 20 de noviembre me desplacé a la Sala Berlanga, el antiguo Cine California de Madrid, para ver el documental sobre la vida, obra y milagros de un grande del cine de terror, Paul Naschy (1934-2009, Madrid). El documental, bajo el sugerente título de El hombre que vio llorar a Frankenstein, va desgranando a lo largo de su metraje los avatares de Jacinto Molina a.k.a. Paul Naschy, el Lon Chaney español, desde la subjetiva atalaya de la admiración, que ensalza a la persona y el personaje y deja las críticas y polémicas para otros.

Paul Naschy_Oscar L. Tejeda

Esto no pasaría de meramente anecdótico en mi agenda cultural si no fuera por la presencia insospechada en Cinemad de un Juan Manuel de Prada, siempre cuestionado por sus retrógradas e ilógicas afirmaciones en torno al aborto, la juventud, la política, las drogas, etc. Vamos, en torno a casi todo: de su boca sólo parecen salir perlas y joyas de la corona respecto a cualquier tema. Se me escapa la razón de su asistencia (igual es amigo de la familia, presente en la proyección), pero no pude sino sentirme incómoda y notar cierto escalofrío recorriendo mi cuerpo. Llámenlo ojeriza.

Como dicen en El Intermedio, “El diablo se viste de Prada”. Pasen, vean y juzguen por sí mismos. Tal vez así, empaticen con mis duras palabras anteriores.


Si les curiosea saber un poco más sobre la todavía desconocida figura de Paul Naschy, lean la entrevista realizada por la que esto subscribe el 13 de octubre de 2007, durante el Festival de Sitges, y publicada en Esquire.

* Por cierto, la fotografía que ha servido para hacer el cartel del mencionado documental es de Óscar L. Tejeda.

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Domingo de remember_Bigas Luna_entrevista

Imagen_Óscar L. Tejeda

El titular lo dice todo: toca recordar. La ocasión la pintan calva (el cineasta participa en el Pabellón de España de la Expo 2010) y recupero aquí una entrevista que le hice para la sección En esto creo de la revista Esquire. Fue publicada en diciembre de 2007. Recuerden que en esta sección no aparecen las preguntas del periodista, sólo las respuestas del entrevistado.

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Domingo de remember_Jess Franco

JESS FRANCO, CINEASTA, MADRID, 1936

Es domingo y toca recordar. Les dejo con la entrevista que le hice a Jess Franco en diciembre de 2007 para la sección En esto Creo de la revista Esquire.

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DECLARACIONES DE JESS FRANCO

Nadie es profeta en su tierra. Yo tampoco. Afortunadamente, en el mundo hay más tierras que la mía.

Mi apellido (Franco) es el que recibí de mi padre y no me pidió ni colaboración ni opinión. De todos modos, es un apellido francés de origen. “Los Francos” era el nombre que recibieron los judíos franceses.

El lado salvaje de la vida puede ser el maravilloso tema de Lou Reed o un modo de vivir. Ambas posibilidades me encantan.

Cuando era joven era muy radical, con lo que me gané muchas enemistades. Eso me hizo reaccionar y hacerme mucho más radical.

A mi edad uno ya no traga con nada.

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Domingo de remember_Carlos Fuentes, escritor

ENTREVISTA A CARLOS FUENTES

Recuerden que estamos en Domingo de remember y que, por lo tanto, lo publicado aquí pertenece al pasado. Un pasado, en este caso, muy cercano, dado que mi entrevista a Carlos Fuentes (Panamá, México, 1928) fue publicada en febrero de 2010 en la revista Esquire.

Como ya les he comentado en múltiples ocasiones, la sección “En esto creo”, donde ha sido publicada esta entrevista, no incluye las preguntas del periodista, sólo las respuestas del entrevistado. Pasen y lean.

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Fotografía: Diego Martínez
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Domingo de remember_Albert Boadella

ALBERT BOADELLA_EN ESTO CREO

Fuente imagen: blog de Boadella

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ENTREVISTA realizada en mayo de 2008 /
Publicada en la revista ESQUIRE en octubre de 2008

* Como siempre, comentarles que la revista Esquire, en su sección En esto creo, no publica las preguntas del periodista, sólo las respuestas del entrevistado. Así pues, les dejo las declaraciones que Boadella hizo para Esquire.

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ALBERT BOADELLA (Barcelona, 1943)

Dramaturgo, actor, bufón…

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Como actor siempre me he considerado muy malo. Me he visto más como dramaturgo.

Els Joglars (compañía teatral creada en 1962) significan y han significado mi vida y la de muchísima gente que ha formado parte de ello.

Durante los últimos años, Els Joglars ha sido una de las compañías más españolas. Siempre ha tenido un autor español detrás de sus espectáculos.

La crítica y la sátira son aspectos imprescindibles para una sociedad mentalmente sana, para aplicar una terapia frente a los fetiches y tabúes que la sociedad va creando, que no son sino excusas para ejercer el poder de forma desmesurada.

Mi relación con la autoridad ha sido normalmente complicada. Las relaciones entre los artistas y las autoridades tienen la obligación de ser difíciles. Cuando son fáciles es porque los artistas se han convertido en funcionarios.

La importancia de la Nova Cançò se debe a la imposición absurda y desmesurada de la lengua castellana en Cataluña, lo cual provocó una reacción en contra. La Nova Cançò era nueva en cuanto a que utilizaba la lengua catalana pero, desde el punto de vista musical, no aportaba casi nada.

Josep Pla y Dalí significan los dos extremos mejores de lo que es Cataluña. Uno, con un enorme sentido común, siempre en positivo; el otro, un genio que, muchas veces, a través de expresar lo negativo consigue provocar al ciudadano. Por lo tanto, entre el uno y el otro representarían la perfección de un artista.

El problema del teatro es que el público tiene unos deseos inmensos de ver cosas que muchísimas veces nosotros, los comediantes, no tenemos talento suficiente para ofrecer. Sobre todo, actualmente. El público necesita asistir a un ritual directo, cansado de ver tantas cosas enlatadas.

La libertad de expresión es la forma imprescindible de una comunidad civilizada, pero tampoco puede mostrarse bajo la tensión, el insulto y la calumnia que muchas veces se esconden detrás de este magnífico eslogan.

La Torna supuso un episodio más propio de cuatro o cinco siglos antes que a finales del siglo XX, tal y como aconteció. Supuso para la compañía unas enormes dificultades, puesto que estar en la cárcel durante la transición no es lo que corresponde a una compañía de teatro. Pero, al mismo tiempo, también saber exactamente lo que era el poder, la fuerza… A través de esta experiencia aprendí a que no me volviera a coger otra vez el gato.

Los enemigos son un estímulo importante para un artista. Eso significa que su trabajo no pasa indiferente y es un acicate constante para seguir incitándoles todavía más. Pero si son excesivos o demasiado importantes, como ocurrió con La Torna, puede acabar siendo un gran problema.

La lengua que hablo con mi mujer y mis hijos es el catalán, pero cuando hablo en español siento que también es mi lengua. Por lo tanto, casi diría que no hay diferencias. No sé exactamente en qué lengua sueño.

Me considero anti-urbanita. Vivo desde hace muchos años en el mundo rural y me cuesta soportar el mundo urbano. Pero si tuviera que elegir ser urbanita, prefiero serlo de Florencia o de París.

Del nacionalismo diría una escatología, es como un pedo que sólo le gusta al que se lo tira. El de al lado lo encuentra insoportable. 

Las intenciones son la de ser genio y figura hasta la sepultura. Aunque en eso la última palabra la tiene la naturaleza.

Mi trabajo es básicamente un juego como pueda ser la de un torero o un pintor. La palabra “trabajar” no me parece la más adecuada para significar lo que hago y hace el artista.

El humor es la mejor herramienta para conseguir liquidar el fanatismo y el fundamentalismo de las cosas. El humor es siempre una distancia respecto a los acontecimientos.

Admiro a muchísima gente, pero sobre todo a mis antepasados. Al paleolítico por conseguir en circunstancias tan difíciles cosas como, por ejemplo, las cuevas de Altamira.

Odio tener que trabajar, porque es realmente un castigo bíblico. El hombre debería siempre jugar y, luego, descansar.

El momento más culminante de mi carrera tiene lugar cuando acudo, junto con mi compañía, al Festival de Spoleto, en Italia, pues es partir de entonces cuando empieza nuestra proyección internacional.

Me siento satisfecho con la vida que he llevado hasta el día de hoy. Me parece un auténtico regalo de los dioses.

Mi familia representa para mí lo más cálido, pero también el lugar donde se me perdonan todos mis desequilibrios y mis canalladas.

A los anti-taurinos les diría, en primer lugar, que no coman carne porque están viviendo en una inmensa contradicción y, en caso de ser vegetarianos, les diría que piensen que con su actitud acabarán con una raza extraordinaria como es la del toro de lidia.

El teatro es la única cosa que hago con más o menos placer y una cierta maestría. Soy un inepto total en otras facetas, aunque a veces muestre cierta audacia. Pero es audacia, nada más.

Las “Memorias de un bufón” son una parte de mi vida en la que, sobre todo, muestro las inmensas contradicciones que existen no sólo en los artistas, sino en cualquier persona. Las personas o cosas a las que, a veces, amas mucho pueden ser tus peores enemigos. Creo que es un libro contado con una cierta sinceridad, justo hasta el límite que implica no dañar a gente que todavía está en activo. Eso me pasa por hacer unas memorias demasiado joven. Pero puedo verlo en positivo y es que no quiero ser de aquellos que acostumbran a escribir sus memorias cuando ya han perdido la suya propia. 

Tengo un cierto hartazgo con toda la situación nacionalista, con la política y con el clima que se ha generado en Cataluña en los últimos años.

Actualmente estoy trabajando en una obra, “La cena”. Básicamente trata de expresar la inmensa hipocresía e impostura que ha calado en nuestra sociedad. Todo el mundo hace demostraciones de magnanimidad y bondad que no se corresponden para nada con la realidad. Nunca antes había existido una época tan puritana e hipócrita como la que estamos viviendo y, a partir de este pensamiento, he construido una sátira sobre el medioambiente y el cambio climático.

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Domingo de remember_Fernando Arrabal

ENTREVISTA A FERNANDO ARRABAL

Imagen: www.arrabal.org

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Realizada en febrero de 2008
Publicada (en modo resumido) en la revista ESQUIRE en octubre de 2008

* Como siempre, comentarles que la revista Esquire, en su sección En esto creo, no publica las preguntas del periodista, sólo las respuestas del entrevistado. Así pues, les dejo las declaraciones que Arrabal hizo para Esquire.

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FERNANDO ARRABAL

Escritor, iconoclasta, patafísico…

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Si el niño que fui me viera ahora es posible que pensara (más que dijera): “Qué buenas migas haría este señor tan mayor ya conmigo y con la mujer que le enseñó a leer, escribir y amar”. O que, horrorizado por la imposibilidad de revivir, se inventara uno de sus dichos, que aún no se conocían por  “arrabalesco”: “Nunca segundos viernes fueron jueves”.

El mayor logro de mi vida, obviamente, estaría por venir… “Si Pan quiere”. ¿El mayor fracaso? Lo fraguo caso por caso. Y también: ¿estaría por venir?

Me arrepiento de muchas cosas. Por ejemplo, de no haber abrazado las matemáticas cuando me lo recomendó el tribunal de mi primer premio a los diez años (el de “primer superdotado de España”). Y luego de haberme dedicado, quizás demasiado, a la ciencia.

Si existiera la felicidad, ¿hay mejor calidad para alcanzarla que la generosidad? La santidad civil y pagana es mi sueño por ahora, desgraciadamente, inalcanzable.

Mi mayor miedo es el de morir sin estar rodeado por quienes quiero.

Nada justifica la mentira. Es una componenda inútil con la ira centrípeta de uno mismo.

Me identifico con el Atila enamorado del final de su vida, el Stalin adolescente y  fervoroso seminarista de Tiflis, el místico (y secretario secreto de Sartre hasta su muerte) Bennie Lévy deslumbrado por la trascendencia y la niña Teresa de Ávila cuando quiso desterrarse.

Me hubiera gustado vivir el big-bang. Aunque me parezca tan difícil vivir fuera de la época actual.

Admiro a mi padre (mártir y santo), a Topor, Marcel Duchamp y Beckett (q.e.p.d.). Todos los días que pasan añoro sus presencias. Y hoy a Lis, Kundera, Lélia, Houellebecq, Samuel, Louise Bourgeois y un etcétera gigantesco.

Si tuviera poder ilimitado, lo limitaría, por lo menos.

Si me preguntan quién me hubiera gustado ser, les diría modestamente, Fernando Arrabal. Soy una “instalación” que representa como ninguna (pero únicamente para mí) el ser aquí y hoy.

La obra de arte que considero fundamental e imprescindible, al menos para mí, es obviamente la mía.

Me gustaría morir durmiendo. Pero en paz con todo y con todos.

¿El poder tiene sexo? ¿El sexo poder? ¡Joder! ¡Qué lata! ¿‘Quousque tandem’? ¿Cree que no nos hacen sufrir suficientemente estos groseros mellizos?

Desgraciadamente creo que siempre he vagado en el exterior o en el margen de la extravagancia. Pero, como el personaje de mi novela “Como un paraíso de locos”, espero llegar a ser como todos.

Si tuviera que mencionar una comida, sería el plato que hicieron para mí las personas que dijeron que me querían en mi primera infancia.

Como a Wittgenstein el artículo de su muerte o al Creador el vehículo del “tohu bohu” (alias “big bang”), al ser humano la confusión tanto le arrebata con arrobo (incluso en el arrabal) que no le crea obligaciones. O, si se las crea, son tan divertidas e inteligentes que pasan inadvertidas. El cíclope ciego se distingue mal del tuerto.

Me pregunta si hay un alegato político en mi obra y yo respondo: me sorprendió la acogida de mi “Carta a Franco” en vida del dictador. La Bolsa: catedral e iglú que celebra el milagro de hacer del dinero dinero. Las poluciones nocturnas del  nuevo rico al despertarse: ¿son cubitos de hielo entre las sábanas?

No parece que se puedan establecer vasos comunicantes (con visos de comunión) entre mi diccionario pánico y el de las academias sin que perdamos nuestras identidades al alimón. Que un camello pase por el ojo de una aguja es menos infrecuente que encontrar al camellero que trató de hacerlo.

¿Es pánico todo lo que reluce? El hombre pánico (e incluso su pene) observa con pena el eterno triunfo de la confusión. En el Colegio de Patafísica se define al omnipresente universo de las excepciones. El filistino busca un espejo que le cambie su conformista faz por una cara patafísica o pánica. ¿Que sólo puede ser dura?

¿Por qué hay quien sólo conoce de mí la “borrachera patafisica” de la famosa tertulia con Sánchez Dragó? Habría que consultar a las pitonisas de la confusión o a los simpáticos neo-comisarios de hoy. Éstos, con  los cirujano-barberos de la época de Cervantes, supongo que responderían: “Gracias a un reloj de sol (y de pulsera) cada instante señalaría la hora que más nos apeteciera”. Qué hermosura contemplar cómo la mayoría de los ex-censores hacen carrera como campeones de la simpatía. Incluso los hubo de Fuerza Nueva que se alistaron a formaciones revolucionarias armadas. Las sabandijas, cuando enferman, no se meten en la cama.

“In vino veritas”, pensó uno de los tres hijos de Noé. Hasta aquella fecha, la de la famosa tertulia, no bebía y aquella noche me tragué un vaso de chinchón creyendo que era agua. Tardé años en apreciar el vino; me sabía a vinagre. Aún hoy echo azúcar en el champán y, sobre todo, en el “Dom Perignon”. No me agrada en absoluto, pero las leyendas pueden sentar plaza de verdades, como observó Gracián. Aunque los mitos son mentiras que dicen la verdad. El elefante tuvo que cortarse la trompa: su rabito sentía celos de ella.

La provocación es infantil, centrípeta y aleatoria. Creo que se puede confundir provocación y humor.

La provocación fue la coartada que se inventaron las lumbreras del Ministerio de Información y Turismo de hace cuarenta años. Con ella trataban de justificar que el dramaturgo más representado en el mundo fuera entonces prohibido en España. Cosas más peregrinas se oyeron… y se oirán. Los antropófagos diabéticos no comen fabricantes de azucarillos. Un simpático nuevo mando de la democracia (que en su día tuvo la sensatez de proteger sus manos, brazo en alto) pretendió que sus neo-ex-colegas me “pasaran factura por haber escrito mi carta pública a Franco en vida del general”. Cuando se ha vivido en el Purgatorio, se puede afrontar el aburrimiento del Limbo.

El hecho de que el antiguo régimen prohibiese mi obra es, mirado desde la distancia, un gran honor, el único que podía otorgarme “sin mancillarme”, como se decía entonces.

El dios Pan tiene dos caras: la risa y el miedo. Pan significa todo. No queremos una moral en singular, ni exclusiones intervencionistas. Todos pueden decirse pánico. Jodorowsky, Topor y yo no somos una secta. Somos, creo, el primer grupo de artistas que aborda la ciencia, la confusión y el azar.

Todo lo que yo pueda decir de la sorprendente actualidad del movimiento Pánico tendría aún menos trascendencia que lo que opinó el ministro Ucelay de Picasso en 1937. Que los rinocerontes canten es de por sí bastante molesto, pero lo insoportable es que vuelen. En el grupo surrealista tan sólo estuve (pero con presencia diaria) tres años. Políticamente, el grupo era entonces (como lo fue siempre) el ala cultural del partido comunista trotskista; artísticamente, lo formaba el corro de  rebeldes más espeluznante y genial de aquel  momento. Conocí a un surrealista sin complejo alguno, se llamaba Adán y se hacía pasar por el gorila del Paraíso.

Las golondrinas melillenses  y los cóndores peruanos ignoran la manía demente de ir siempre en línea recta. Vivimos tiempos de miopía en que matar por placer parece peor que hacerlo por ideal. Los titanes y sus aterrorizantes bicharracos llamados “quimeras” están aún presentes con los Prometeos del hombre nuevo. Todos podemos teorizar sobre la parte más maldita de los terráqueos, porque todos formamos parte de la maldición.

Creo que no habrá tigres de Bengala, ni capitalismo, ni comunismo ni Bolsa en un porvenir no muy lejano.

Abofeteé a un presentador francés por tratar irrespetuosamente a Cervantes, quien tenía demasiado humor como para no apreciar mi reacción. Es admirable por ser tan paradójico y ambiguo. Recuerden la réplica de Sancho: “ni quito ni pongo rey, sino que me sirvo a mí que soy mi señor”.

El porcentaje de jóvenes compañías (o de “teatros consagrados”) que da importancia a mis obras, hasta el punto de representarlas, es semejante actualmente en Nueva York y en las antípodas. Las piezas elegidas (y las desechadas) son las mismas. Conviene alcanzar la irrealidad desde la mayor concreción. Si existiera una escrupulosa equidad la familia del presidente americano tendría orejas negras. Sorprende que mi “circunstancia”,  familiar sólo para mí, pueda serlo igualmente para un joven director de Sydney o de Tel Aviv.

Tras los  tiempos de penitencias obscurantistas, ¿atravesamos los senderos de las mistificaciones luminosas? Me acostumbré durante decenas de años  a la hostilidad casi paranoica del antiguo régimen y a la obstinación de su censura (ver punto 1 al final de las declaraciones). No consigue alterarme el que, aún hoy, según me dicen (¿pero es cierto?), un sector (sin significación y en agonía) actúe parecidamente. Si dos puerco-espines se cruzan tiene prioridad el de más espinas.

¡Cómo nos gustaría a todos ver la luna bocabajo! El Teatro Real de Madrid que va a estrenar mi última ópera (con la dirección de “Els Comediants”) fue inaugurado en 1850. Y hay teatros, como la “Comédie Française” y otros teatros nacionales europeos, en los que se puede representar mi obra actualmente de la forma más sorprendente e incluso arriesgada. Como en su día mi “Emperador… de Asiria” con el inolvidable Sir Laurence Olivier. Sistemáticamente, la rueda fortuna no da el triunfo a los mejores, sino a los más conocidos. Mi teatro no se publicó hasta 1977, antes en japonés o griego que en mi lengua materna, por orden de las autoridades. La sarna inteligente prefiere los toros colorados.

No soy emigrante, sino desterrado, puesto que más que de raíces dispongo de piernas. Las cebras más “modernas” han creado una ONG para exigir que sus rayas sean horizontales.

Injustamente, se habla menos de los miles de miembros que hoy forman el Colegio de Patafisica que de los cinco trascendentes sátrapas aún en vida (Umberto Eco, Barry Flanagan, Dario Fo, Edoardo Sanguineti y yo mismo). Desgraciadamente acaba de ocultarse (fallecer, “vulgaris”) Baudrillard. Y años antes mis irremplazables Marcel Duchamp, Max Ernest, Ionesco y Man Ray.

La confusa complejidad actual hace que los problemas cambien de naturaleza para que las “soluciones” parezcan racionales. Menos los adivinos, todos pueden prever el porvenir.

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(1): Un año después de la muerte de Franco cinco españoles teníamos aún vetada nuestra vuelta a España  por “muy peligrosos”: Líster, Carrillo, Pasionaria, “El campesino” y yo.  Me pareció injurioso que se incluyera mi nombre junto al de cuatro ex-estalinistas con las manos manchadas de sangre  y a quienes en aquel instante les deslumbraban los palacios y la gestión del tirano de Rumania.

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Domingo de remember_Andrés Trapiello

ENTREVISTA A ANDRÉS TRAPIELLO

Realizada por la que esto suscribe
Publicada en Esquire (marzo_2009)

Fotografía: Hugo Estenssoro

* Como siempre, comentarles que se publicó en la sección En esto creo y que, por lo tanto, no aparecen las preguntas del periodista, sólo las respuestas del entrevistado.

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DECLARACIONES DE ANDRÉS TRAPIELLO
Escritor, 55 años, Manzaneda de Torío, León

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Al atardecer, al volver de la escuela, pasaba por delante de la cárcel vieja de León y oía cómo los carceleros comprobaban el estado de los barrotes con una barra de hierro. Lúgubres arpegios. Fue entonces cuando supe que la literatura sería mi vida.

En literatura son difíciles los comienzos y los finales. Y de lo de en medio ni hablamos. Yo no he conocido nada fácil en esto.

No he sido bibliófilo nunca. Me gustan los libros, sí, pero siempre he dicho: “Libro que no has de leer, déjalo correr”. También me gusta esta otra frase: “Los libros que han cambiado nuestra vida cuestan dos euros y se encuentran en los kioscos”. En mi mesilla ahora encontrarías una antología de Rilke traducida por Antonio Pau.

La literatura ha sido, es y será cosa de minorías. Los lectores han sido, son y serán siempre pocos. Ahora, compradores de libros podrán ser muchos.

No tengo la menor idea de en qué se convertirá Internet ni cuál es el futuro del libro impreso. De cualquier manera, en mi casa hay ya más libros de los que podré leer en toda mi vida.

Puede decirse de los premios lo mismo que de los rechazos: hoy en día los tiene todo el mundo; los escritores malos, los regulares y los buenos. Dicen muy poca cosa. Son como los perfumes, en cada uno huelen de diferente modo. En mi caso, el Nadal me facilitó algunas cosas, un premio que también lo tienen escritores malos, regulares y buenos.

Hay lucha de egos e intereses económicos detrás de algunos galardones. Como en todo. Lo decía el viejo Lara a propósito del Planeta: los niños no vienen de París.

Me han rechazado un libro. Como a todos los escritores. Un rechazo no dice nada de nadie, ni a favor ni en contra.

En parte, me hice editor y tipógrafo aficionado para evitar los rechazos editoriales. Por orgullo. Decir que he sido editor y tipógrafo suena a más de lo que he sido. Soy editor y tipógrafo oyente, de juguete.

Novelista, ensayista, poeta, articulista… todo es reflejo, más o menos, de lo mismo: una manera de estar en el mundo. Todo y nada le da a uno de comer, si come poco.

Para poder escribir es necesario haber leído mucho. Pero no demasiado. A partir de un punto todos hemos de elegir qué queremos ser: escritores o lectores.

Mi literatura aspira a ser vida y restitución.

Si me preguntas de qué libro me siento más satisfecho, te diré que de ninguno y de todos, más o menos.

La literatura es vida. Una forma de vida, no diferente de ella. La literatura es un organismo vivo, por eso no importa que esté descacharrada a veces. Lo que la literatura no es nunca es mecanismo gimnástico, artístico o intelectual.

Todo escritor está solo por fuera y acompañado por dentro. Está solo, pero lleva en su interior una multitud.

Si el trabajo no es gustoso, malo. Si el escritor está mirando cada media hora el reloj para dejar de escribir, peor: de eso se dará cuenta el lector. Al escritor, como a San Ero de Armenteira, se le pasa el tiempo volando. Por fuera y por dentro también.

El tiempo ha cambiado mi literatura. Como cambia la vida la manera de vivirla.

Como ensayista me preocupa lo mismo que a todos: el amor, la muerte y el tiempo. Y todo eso buscado en los hechos menudos de la existencia, en las personas que conozco, en la literatura, en las historias que me han contado…

La poesía es una forma de conciencia y de conocimiento. Y el poeta… un mandado, alguien a quien la poesía viene casi siempre grande, y lo acepta humildemente.

Del rencor nunca sale nada bueno. Avellaneda detestaba a Cervantes, por eso su segunda parte de El Quijote es tan mala. Yo escribí Al morir Don Quijote por amor a un libro que me habría gustado aún mucho más largo. Lo excelente nace siempre de una celebración. Y eso casi siempre va contra la naturaleza melancólica de la mayor parte de los autores. “España”, decía Torrente Ballester, “no es cervantina, sino quevedesca, gongorina y esperpéntica”. Por eso he dicho, hace ya muchos años, que si hubiera habido Premio Cervantes en el Siglo de Oro, se lo habrían dado a Lope.

Estoy encajado en la izquierda desde hace treinta años. Pero la cultura la hacen personas, no partidos políticos ni gobiernos, contra lo que suelen creer los ministros de derechas y de izquierdas. Trapiello, un cervantino de los pies a la cabeza.
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